La generación del 86 (Con Maradona DT,
Galíndez va por su revancha)
La furia del sol de aquel mediodía mexicano,
cae con toda su intensidad sobre el estadio azteca. Un grupo de
jugadores embanderados en los colores celeste y blanco festeja haber
logrado el máximo triunfo deportivo. Mientras, en silencio, como
lejano a todo ese festejo, un hombre cruza de rodillas todo el
terreno de juego. Reza, se persigna, mira al cielo, llora… No
festeja, pero sabe que el también es un gran artífice este logro…
El día
Son las 6:30 am, faltan casi siete horas para
que el Estadio Azteca albergue la final de la Copa del Mundo
FIFA, pero en una habitación de la concentración argentina no todo
es paz, y mucho menos tranquilidad. Galíndez, así se llamaba el
utilero y masajista de aquella selección, se rinde ante la ansiedad,
y decide dejar de revolverse entra las sabanas para partir rumbo al
estadio de la final.
Pero no lo hace solo, en esta parada también
arrastra a su compañero de cuarto y de labor “Tito” Benros, y así
fue como antes de las 8 am se pararon frente a los portones del
“Coloso de Santa Ursula” y los golpearon hasta ser escuchados y
poder ingresar. Fueron los primeros en entrar al estadio aquel 29 de
junio histórico para el fútbol argentino…
Mundo Galíndez
“Galíndez”, como lo conocían todos en esa
selección y en su país, luego de la repentina fama ganada a puro
carisma, es uno de esos tipos al cual es imposible no querer, baja
estatura, piel trigueña, cabello entre cano y un rostro con una
sonrisa permanente, que sin embargo, no logra ocultar la tristeza
que se avista en el fondo de su mirada.
“Galíndez” es Miguel Di Lorenzo, nació hace 63
años en el oeste de la provincia de Buenos Aires. Hijo de un
inmigrante calabrés muy rígido y de una madre, también calabresa, a
la que apenas conoció puesto que murió cuando el tenia 3 años. Esto
derivo en que Miguel pase toda su infancia en un colegio pupilo
puesto a que su padre no podía hacerse cargo de él. Fue cuando
cumplió 12 años, que Miguel egresó del pupilato y decidió empezar a
trabajar.
Un día del año 1961, mientras regresaba a su
casa luego del trabajo, este chico fanático de Boca, decidió golpear
las puertas del club de sus amores y pedir empleo. Llego hasta la
utilería del club, se puso a charlar con el encargado, un tal Sotelo,
lo hizo reír mucho y fue así como el hombre decidió enseñarle el
oficio. Tenia 16 años, nunca había pateado una pelota y ya estaba
metido en el fútbol profesional… su vida!
Formo parte de utilería hasta mediados de los
70, allí aprendió un oficio y se ganó el nombre con el que se lo
conocería en el ambiente del fútbol, “Galíndez”, se lo
pusieron por su parecido físico con el famoso boxeador de aquella
época Víctor Emilio Galíndez.
Galíndez es sin duda un libro viviente de los
capítulos más gloriosos de la historia del fútbol argentino.
Estuvo en aquel Boca Juniors dirigido por el “Toto” Lorenzo
que ganó todo, luego en el Argentinos Juniors de Maradona, en el
River Plate campeón de América y del mundo en 1986, en la selección
Argentina con Bilardo en los mundiales de 1986 y 1990. en las Copas
América conquistadas por la Argentina del Coco Basile en 1991 y
1993, en el San Lorenzo campeón de Veyra en 1995 y el campeón de
2001 con Manuel Pellegrini…. Más que masajista, una cabala.
Galíndez y Maradona.
Fue amor a primera vista! Galíndez vio jugar a
ese pibe que con solo 15 años “la rompía” en la primera de
Argentinos Juniors y se enamoró. Lo espero en el vestuario y le dijo
“Pibe, Ud. es un maestro! Yo vi jugar a Pele, a Rojitas, pero ud. es
superior a todos”. Pelusa (así se lo conocía a Maradona en
Argentinos Jrs) respondió el elogio con una sonrisa y desde ahí no
se separaron más. Tanto así fue que Galíndez terminó por “adoptar”
al pequeño. El Pelusa , almorzaba, cenaba y hasta a veces dormía la
siesta en la casa de Galíndez, para luego caminar juntos la cuatro
cuadras que separaban la casa del utilero de la cancha de Argentinos
y preparase para el entrenamiento vespertino.
En 1981 fútbol los separó, Maradona paso a
Boca pero le juró que lo vendría a buscar. Y así fue como un día de
1982 mientras enrollaba vendas en la utilería de Argentinos Juniors
y escuchaba por radio las hazañas futboleras que aquel pibe
realizaba en el súper poderoso Barcelona recibió un llamado. “Gali,
en una semana te quiero acá conmigo. Eso si, tenes que estudiar”,
era el mismísimo Maradona. Si, aquel pibe cumplió la promesa y vino
a por él. Poco le importó a Galíndez los reproches de su esposa, de
sus dos hijos, del resto de la familia. El se iba atrás del Diego la
decisión estaba tomada, y en menos de una semana (promesa mediante
de enviarle dólares a su esposa) Galíndez embarcó rumbo a Barcelona.
Estuvo con Diego en su estadía en el Camp Nou
y en su “reinado” en Napoli: cumplió con su parte del pacto y en 4
años puso en las manos del Diego su titulo de fisioterapeuta, y este
le respondió consiguiéndole trabajo en la selección de Bilardo. Ese
fue, y será por siempre el mayor logró de su carrera, pues estar ahí
le permitió cruzar el Azteca de rodillas aquel mediodía para luego
posar sus labios, sobre lo más hermoso que beso jamás: la Copa del
Mundo.
Galindez, un querible personaje de esos que
rodean el mundo del fútbol, que a los 63 años, luego de mas de 20
títulos aun tiene un sueño por cumplir: vivir otro mundial con la
selección de la mano de Diego….