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Un Segundo Después

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El Pirata | 11 de Septiembre de 2017 | ECDQEMSD Podcast

Bienvenidos a las noticias internacionales y ese instante en que todo se vuelve un caos total.

En este caso lo que habitualmente es un editorial toma la forma de una especie de crónica social de aquel segundo donde todo cambia, donde la sensación de que el mundo se desintegra nos invade instantáneamente y donde los sentimientos, las emociones, el tiempo y el instinto de supervivencia, cobran un protagonismo que no tenían apenas un minuto antes o al menos podías controlar a voluntad.

Dos segundos antes, en sitios como Juchitán de Oaxaca las personas estaban durmiendo, seduciéndose, discutiendo, besándose, planificando el día siguiente, viendo la televisión, escuchando la radio, pensando en otra cosa.

En la costa chiapaneca comenzó lo que en milésimas se sentiría fuerte y claro en casi todo México y parte de Centroamérica.

El foco de nuestras preocupaciones e intranquilidades pasaron a un plano borroso para concentrarse en esa sensación pura del aquí y ahora, el sentirse como una hoja en un caudaloso río sin control ni previsibilidad.

Pasamos del meme o la indignación por X noticia a la primordial función de una red de comunicación. Anunciar que todo se acaba de mover, que ya no es como hace un minuto atrás, que todo se volvió incierto, que por ahora estoy vivo.

Los contactos y la información primitiva de saber vivos a los seres queridos es el instante inmediato posterior. La fragilidad del ser ante diferentes eventos se convierte en este caso en una experiencia social: todos frágiles, todos vulnerables, todos con el temor subiendo desde los pies como un terremoto donde todo lo sólido se desvanece en el aire; aunque aquella frase no haya sido pensada aplicada a un movimiento sísmico.

Ya habrá tiempo para saber que su epicentro fue en Tonalá, que hubo derrumbes, que se sintió fuerte aquí o allá, que fue el más grande del siglo*, que fue de 8.2, que Oaxaca y Chiapas fueron los más afectados, que lo que íbamos a hacer mañana queda suspendido.

Ahora estábamos en el instante en que todo podía ser, se podía haber partido el continente, podía haber tenido el epicentro en otro sitio, podía estar parado sobre el mismo centro, podían cortarse todas las comunicaciones, podía haber sido más o menos devastador.

En la Ciudad de México el fantasma del 85** aparece inevitable ante la primera alarma. Las noticias se iban desarrollando, la anormalidad se cubría con información, FB, Wathsapp, teléfono, Twitter, el "me dijo que les diga que estamos bien", cobraba una función proverbial en nuestras existencias. En el primer instante: saber que no soy el último sobreviviente del final de los tiempos, hay más, muchos, afortunadamente todos los que quiero, conozco, aprecio y necesito para mi vida.

Pero esa sensación no se quita fácil. Bajan las palpitaciones pero algo queda marcado en el pulso que hará que algunos recuerden para siempre la medianoche del jueves 7 de septiembre de 2017, el día de aquel terremoto.

Podríamos prestar atención al huracán Irma devorándose todo en su paso por el Caribe y llegando a Florida, de lo poco y nada que quedó de Saint Martin, de las peleas entre Corea del Norte y Estados Unidos, de las frases de Trump, de los Dreamers, del Papa en su gira por Colombia, del golpe que se dio en el Papa Móvil, de que México declaraba persona no grata al embajador norcoreano, de las campañas políticas en marcha, de las internas partidarias, los resultados deportivos, la serie favorita o el espectáculo suspendido. Podríamos concentrarnos en las inundaciones que provocó Katia o algún otro huracán naciendo en el horizonte.

Pero cuando la tierra se sacude hay algo que es diferente; no existe tiempo previo para tomar mayores recaudos, no hay modo de ver su progresión antes del golpe, no existe forma de evacuar o pensar que tendré tiempo de evitar que el mundo se desintegre. Deberá ser un segundo después, una vez sabiéndome vivo, que comenzaré a recoger los pedazos rotos.

Solo algo así nos encuentra en calzones y en la calle platicando con vecinos que ni conocíamos. Solo algo así nos integra a la fuerza entre la desintegración. Solo algo así deja de lado las mil cosas que quedan de lado cuando no hay pasado que sirva ni mañana garantizado.

Pensaba en algo comparable y vinieron a mi mente muchas cosas, momentos en que sientes que el mundo se desintegra y meditas sobre que hacer en caso de que el mundo se desintegre. En los personal, en lo individual, la lista puede ser prácticamente infinita, o al menos muy numerosa. Sin embargo en lo social puede reducirse bastante. Y lo primero que vino a mi mente fueron aquellas poblaciones bombardeadas a lo largo de la historia, el sonido de un alarma (en el mejor de los casos) y a los pocos segundos sentir que el ensordecedor sonido dejará todo diferente después de la advertencia dos segundos antes.

¿Cómo resisten las poblaciones que durante meses son bombardeadas, amenazadas, despojadas de todo, atemorizadas? ¿Cómo resisten aquellos que esperan la ayuda que nunca llega? ¿Cómo resisten aquellos que dos minutos antes paseaban por la plaza del centro o estaban ocupados en triviales asuntos en los poblados costero de Chiapas y Oaxaca para ver, dos segundos después, su realidad total y trágicamente modificada?

La resistencia existe y de eso no hay duda, la solidaridad también, el sentimiento de estar parado sobre lo inevitable cambia muchas veces nuestra percepción de todo; es lo más normal en momentos en que la anormalidad reina: abrazarnos, sabernos vivos, sentir que no estamos solos. El primer acto reflejo, la primera necesidad.

Damas y caballeros bienvenidos al kaos total!!!

 

*El terremoto del 7 de septiembre de 2017 fue el más grande medido hasta el momento en territorio mexicano, sin embargo el número de victimas fatales (de alrededor de un centenar) tiene más de una explicación lógica.

** El terremoto de 1985 dejó más de 100 mil muertos en Ciudad de México y cambio para siempre la fisonomía de la ciudad dejando una huella indeleble en los habitantes de una de las ciudad más pobladas del planeta.

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