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o se sabe desde dónde viene, pero aparece de pronto
entre las mesas del bar Guebara.
Sigiloso y con una especie de vergüenza se acerca hasta la nuestra. Nosotros ya estamos
lo suficientemente borrachos de vino blanco y rock and roll como para que todo nos
resulte divertido y especial.
Nos reparte a cada uno un manojo de tarjetas, diciendo, conmovedoramente humilde:
-mírenlas sin compromiso y si alguna llegara a gustarles, salen sólo un peso.
Un peso?...Lo irrisorio del precio hace que inmediatamente desconfiemos de la oferta (del
mismo modo como cuando nos regalan frascos de champú por la calle, para terminar
vendiéndonos las cremas de enjuague, los perfumes y la fábrica misma)
Tal vez por cortesía, o por la simple intriga de los "curiosos de profesión",
es que comenzamos a husmear, cada uno de nosotros su piloncito.
La sorpresa me deja una sensación muy grata. Ante mis ojos se suceden una tras otras
imágenes muy bellas: bares, teatros, edificios antiguos, restaurantes, esquinas, rincones
de Buenos Aires.
Dibujos de una frescura original, de una línea sutil irresistiblemente simple.
A todos nos pasa lo mismo y comenzamos a intercambiarnos esas pequeñas-grandes obras,
como si se tratara de una partida de naipes.
La elección es difícil. Todas ellas llevan en sí un algo nostálgico, esa sensibilidad
porteña y melancólica, y a la vez presentan una ingenuidad estética de
comix.
Yo elijo por el afecto hacia ciertos lugares, aunque en realidad, como es mi costumbre,
quisiera quedarme con todas.
Reviso el escasísimo contenido de mi billetera y me doy cuenta que ya me lo he tomado
todo.
Miro a mi chico implorando, y él apiadándose de mis ansias artísticas, me regala
algunas.
Entrego el resto con
dolor y ese hombre de edad indefinida y sonrisa triste, sonríe
levemente, toma su dinero y sus obras y desaparece tímidamente, mezclándose entre
la música, la gente y el humo de los fasitos que desciende por la escalera, del
mismo modo en que se hizo presente, misteriosamente.
Vuelvo a mirar los
ahora, "dibujos míos" y comprendo que no sé nada del autor, que debería haber
hablado con él, preguntarle al menos su nombre. Pero ya no lo hice y tal vez fue mejor, a
esa altura de la noche, mi lengua comienza a traicionar a mi razón
Observo al pie del dibujo una diminuta firma: Dinwoodie, casi de historieta es su
nombre o la forma en que se hace llamar.
Recorre todas las noches diferentes bares de la ciudad, se lo puede encontrar en
SanTelmo,
o en la calle Corrientes, en La Boca o Avenida de Mayo, es decir en todo recoveco porteño
donde lo dejen entrar a vender su arte... por un mango.
De él no sé más que esto, excepto que es un gran artista...
Si alguno de los que lean esto, se lo cruzan por ahí, por favor, denle saludos y respetos
de mi parte.
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