Crónicas Textuales

artículos por
Julio Chávez

Crónicas Textuales

La Vida como
un Nintendo

Ayer ayude a cambiarse a un pana, Víctor. Dejaba la ciudad. Cambió de trabajo y ahora el destino lo mandaba al carajo de acá. Yo tenia vacaciones, había tiempo para ayudar a una de las tareas que considero más tediosas e ingratas, como ir al médico o sentarse en un ordenador a pasar en limpio tu vida: una mudanza.

Sebas, ayudó con el ritual. Víctor es un poco obsesivo y fue un primer día, de spleen, y sin absenta, las horas, largas horas de más de 100 minutos desfilaron con paso cansino acomodando libros, etiquetando cajas, desechando chácharas, acometimos la tarea en la sala y el librero tenia pocas botellas de tequila, mezcal trendy, whisky y Vodka, con una cara de solemnidad improvise:

- Cabrón, ¿sabés que es de mala suerte llevar alcohol a una casa nueva?

Así que comenzamos a beber esa mezcla extraña de bebidas combinadas, mientras empacábamos, litografías, fotos, cuadros furris y seis muñecos vudú.

Eso de los muñecos tiene una historia interesante un tanto freak, porque víctor en su viaje a Cuba, trajo uno, lo encontró en la playa de Varadero, con todo y sus alfileres negros, lo colocó en la sala, nos contó la historia que tenia. No falto alguien que fuera a Veracruz, y pasara por Catemaco, un pueblo reconocido en México, por sus Santeros Chamanes, brujos, hechiceros y demás espectros, el muñeco tuvo pareja y al final los amigos terminamos regalándole uno cada cual, al final la familia vudú tuvo seis integrantes, como nosotros.

Recogíamos la sala y llegamos a la música, de pronto salió un disco de Nirvana, “In the útero” recordamos las camisas de franela y jeans rotos, actitud pandrosa, mientras sonaba "Heart Shapped Box” en el estereo, Jeremy de Pearl Jam y el sonido Seattle inundó la sala con ecos, para darle paso a los Cadillacs, Ceratti Daba bocanadas mientras, el patinador Sagrado de los Babasonicos esta listo por salir a la pista, junto con una remera de Pistolas y Rosas. Era tiempo de la música y la guitarra estaba lista para nuestros desafinados gritos y nuestros consecuentes oídos, mientras que de nuestras bocas salía algo parecido a Creep de RadioHead. Fue un Viaje mental al pasado lleno de recuerdos, la madrugada nos sorprendió dormidos entre cajas y a mí jugando en el SuperNintendo, Donkey Kong Country en un televisor a Blanco y negro.

Pensé que la vida es un juego de Nintendo donde vas pasando niveles y mundos nuevos.

La vida Comenzó, nuevamente pero pasado el Cenit, resaca, desorden. Ordenamos Pizza, birra y Faso para seguir empacando a la memoria en cartón, guardar 5 años de recuerdos es todo un quilombo, eso de mudarse, te pone por la cara cosas acumuladas, inservibles unas, pero piezas de un museo personal. El ritmo era lento, pero terminamos a tiempo para la fiesta de despedida como lo dice la moral y las viejas costumbres para quien se va festivo y un poco aturdido. Me imagine un velorio así, lleno de anécdotas; Como la que Víctor y Humberto protagonizaron. Tenían una fiesta con unas minas, y les hacia falta tequila fueron los dos por el tequila y recordaron que no tenían preservativos los tomaron y al pagar en caja, la empleada los vio con asco a los dos. En ese momento se dieron cuenta de lo ambiguo de sus compras, mientras que víctor apenado decía, - Señorita, no es lo que piensa. El otro aguantándose la risa lo tomo de la mano, con una voz femenina le dijo: Ya amor, vamonos.

Así desfilaron los recuerdos y camino a casa, pensaba en la cantidad de objetos que tuvimos que empacar, pienso, cuantos son necesarios, cuantos son un lastre o cuantos más hacen falta. Dentro del budismo, recuerdo una frase que va mas o menos así, “la persona sabia no es la que mas tiene, sino la que menos necesita”; el sentido de atesorar nos aprisiona, porque tratamos de comprar algo que no se vende, aun, los sentimientos o estados de animo aunque al final eso sea un estado de conciencia alterado, eso de el valor emocional de la guita.

Llegué a casa etiquetando mentalmente la basura, lo descartable y lo necesario. Quedaron pocas muy pocas cosas. Lo hice después con mis pensamientos y sentimientos contrariados y quedaron aun menos, pero hubo uno dándome vueltas, atorado en mi mente, que ahora hace catarsis en las palabras:

Una imagen de seis muñecos vudú, viajando en una caja de cartón, por un desierto de espuma y cenizas.

 

Julio Chávez

jchavez@canaltrans.com

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