Crónicas Textuales

artículos por
Julio Chávez

Crónicas Textuales

Escribir es Cambiar la Violencia de Sitio

Cada año, por estas fechas; unas golondrinas hacen nido en las paredes de mi departamento, son unos huéspedes incómodos que gruñen porque no pueden cantar y se cagan sin el menor decoro. Cuando era pequeño las veía volando con gran rapidez, colgando de los cables de luz, como un animal urbano, nunca las vi en un árbol, por lo que pensé que era un animales eléctricos; después descubrí un lugar donde se van a atardecer, hilos de acero cubierto de plumas, una combinación demasiado rara incluso ahora que la rememoro, también en esa época contaba con mas amigos al alcance de la mano y una lengua ajena que nadaba como un pez por mi boca, mientras mi mano reptaba bajo su falda. Pero ahora tengo al cuervo de Poe que me grazna al oído Nevermore Nevermore…

Hoy tengo un departamento empapado de lluvia y emociones huracanadas. Girando a mas de veinticuatro por segundo, fotos Polaroid de mi corazón, de mis vísceras, de mis cicatrices, de mi sexo marchito, que en conjunto dan la ilusión una figura de un hombre apesadumbrado, sentado en una habitación blanca, como la jaula, de algo que esta escondido en un rincón de la mirada, que cambia a medida que el huracán cobra fuerza.

Para salir de mi estado de apatía, hice limpieza general y encontré un marco, regalo de un lejano cumpleaños, y decidí ponerle un espejo, las golondrinas seguían llenando el patio de mierda y plumas de sus crías. Atardecía. Salí con unas nubes desteñidas y negras, que prometían una lluvia, como lo fue toda la semana pasada y lo presagiaba la siguiente. Encontré una vidriera, sonreí irónicamente al ver que estaba mal iluminada, por suelo tenia una alfombra de cristales rotos, llenos de polvo y de diferentes colores, al pasar crujían las esquirlas bajo los pies, y recordé todas la veces que la vida me ha regalado la comprensión de esa metáfora. Cuando le cuento mis penas y mis depresiones de viejo vinagre, cuando le abro mi corazón para mostrarle mis heridas, amorosamente esparce limón y sal mientras brinda por mi mala estrella, pero cuando se descuida sabe que le estaré tocando el trasero….

Salí con no pocos escalofríos de ese lugar, en el espejo mi reflejo me miraba con pesadumbre y desazón. Por la noche leí un poco una historia rara de amor y restos humanos, cuando apague la luz, el que susurra en la oscuridad, me contaba mi vida en un mundo extraño y enfermo, como todas mis relaciones habían ido a mal, estaba en el banquillo de acusados de mi conciencia, que me trato como el enemigo intimo numero uno; cuando la suma de mis defectos anudaba la cuerda, la somnolencia me rescato apretando el botón de la trampa y depositándome en los brazos macabros de una pesadilla; en ella alguien gritaba, se golpeaba y sus gritos insoportables me despertaron en la madrugada, pero la realidad se había colado en mis terrores nocturnos y una pareja de gatos estrenaba al amor en los tejados. Siempre he odiado el apareamiento psicótico de los felinos, sobretodo cuando lo veo reflejado en los humanos, el dar sin querer, esa lucha de poder desprovista del enmascaramiento sublime, así desnudo solo queda lo primitivo del sexo, que se desliza entre el inconsciente como un reptil. Decía Panero “…No es tu sexo lo que en tu sexo busco, sino envilecer tu alma.”

A la mañana siguiente amaneció muerta una de las golondrinas. Hormigas rojas comían sus entrañas, paseándose por su cráneo descubierto. Seguramente los gatos la mataron. Puse la golondrina en un canal de agua en una mañana descolorida; el agua estaba turbia por la lluvia, y le susurre a la golondrina al oído: Imagina que el agua es viento, que la muerte, vida y que tu inmovilidad, movimiento.

Cuando regrese del trabajo, en el patio del departamento un gato negro lamía sus heridas, en sus ojos negros una mirada indolente, recorrió mi figura, entré a casa, tenia comida para gatos que alguna vez perteneció al último fugitivo, así que le di un poco a este refugiado. Paso por mi mente la idea de una nueva mascota, pero la deseché de inmediato, estaba cansado de abandonos; cuando termino de beber y comer, lo invite a malgastarse la vida en otra parte.

Me he quedado con unas aves de paso, que hacen ruidos extraños ni siquiera pueden trinar; se que se van a ir y tal vez eso es lo mas importante, porque no hay promesas sin cumplir ni malos entendidos, solo se van al carajo antes de tomarles un poco de cariño, se van, como este escrito.

 

Julio Chávez

jchavez@canaltrans.com

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