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Trabajo lentamente. Con mis comas que saco a la menor provocación, ignorando olímpicamente el punto y seguido, o el punto y coma. Para qué mierdas sirven esos putos puntos, son tipos sin definición, demasiado para poner una coma; muy cortos para cambiar de renglón. Vale. Trataré de utilizarlos mas seguido; pero me dan hueva. Y sigo sin tener nada que escribir. Me puse un objetivo, un artículo semanal; pero ya tengo más de un mes sin escribir un par de líneas decentes. Dejo pasar los días; para que la levadura de las palabras florezca entre lo vivido, en lo sentido. Las páginas cuando son buenas generan atisbos de pequeñas historias comunes. Lo escrito acá es, en ocasiones, el eco de otras palabras que se me anudan como una corbata en la garganta; bajan luego a mi mano izquierda, que escribe de manera tradicional en un cuaderno de viajes entre el trayecto de la casa la trabajo, a otras ciudades. Como estas palabras con un punto de partida y uno, incierto de llegada. Me descubro entre las palabras, el otro me dibuja y conforma mis lugares comunes. Me ha sorprendido, en momentos, con una hoja en blanco y un lápiz mental tratando de capturas como mariposas que revolotean en cabeza en ciertos momentos. Es inútil, tal vez pensar y masticar los sucesos con una cierta lejanía son los ingredientes para parir una crónica. Marco límites textuales para que esto llegue a ser publicado y descubro que el que esto escribe, es obsesivo, no toca palabras conjuro, pide ciertas seguridades. Cita autores para calzarse unas muletas y seguir adelante; para que el lector reconozca lo leído, con un coro de voces que acompañen y equilibren las palabras, las ideas que carcomen los días y los sueños. Quiero saber que es lo que me impulsa a escribir, cual es el motivo detrás de las letras, me leo, releo, tacho, agrego, sumo, resto; intento encontrar la cuadratura del circulo, ciertos ritmos, cadencias sonoras; encontrar conceptos menos ambiguos y mas certeros, parecidos al abrazo o al beso; siempre sabrás lo que significa cada uno hasta que los vives. He terminado, es tiempo del critico que desviste nuevamente para soltar lastres, como mi habitaron llena de ropa y recuerdos, como la remera que se puso mi chica el día que llegó con la lluvia a casa, llena de agua y besos. Las fotos de un tiempo vivido, congelados en una polaroid de palabras; un momento que se diluye en la bruma de un punto final.
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