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Estoy en la central de Autobuses, salen siempre un bus, con los destinos más diversos; a cada minuto, en cada momento, alguien toma un rumbo; gente que llega como trayecto final a esta ciudad, para otros como a yo, es un punto de partida, gente que espera a otra gente, o algo que los haga huir mas lejos, a París, cuando la fiesta terminó. -Salgo a las 7:30 PM- (eran casi las 7:00) Le dije; con un guiño de esperanza colgando de la solapa. Creo en las despedidas frustradas por el amor y el arrepentimiento, llegar al último minuto, y gritar, con una voz en cuello, ¡detengan ese avión!, o ese barco infestado de cólera en los tiempos del amor. Es en el último minuto donde las cosas se solucionan como un deux ex machina, pero si quieren un final feliz, búsquenlo en otras crónicas, tal vez puede que las encuentren en la sección de obituarios o en la nota roja. Mis esperanzas están amontonadas ahora, en Marzo, a un lado de los arbolitos de Navidad. Carajo, se veían lindas, cuando eran nuevos propósitos relucientes magníficos con un dejo de "intectualidá"; y no hablemos del talento; traspiraban tanto talento como un caballo pura sangre corriendo en un cuarto de milla. Ahora con sus patitas cojas van trastabillado; perdidos y ciegos dan tumbos, mira, uno ya se rompió la madre y esta comprando un boleto de regreso, después de esperar una esperanza trucha, pero ya le diré las cuarenta a mi estúpida ingenuidad. Abordé, mirando de reojo hacia atrás. Espere encontrar un pata por acá, para aturdir al temor que se comenzaba asomar en mis ojos. El bus arrancó. Temblé. No me gustan las despedidas nocturnas, viajar de noche, solo con las débiles luces artificiales opacando mi mirada, siento que llega un cuervo a posarse en mi hombro y me susurra, nevermore, nevermore. No me gusta la radio y el chofer, enciende el stereo. Mi recuerdo de una radio nocturna, es cuando era pibe, las luces apagadas, con fiebre y los sonidos radiofónicos que se alejaban hasta volverse casi imperceptibles, para después acercarse de manera inmisericorde a taladrarme los oídos, como veía en una llanura mis pies diminutos o los pies enormes, cuando se agrandaban los objetos. Pero del estereo salio ¡IndiePop! de grupos españoles, mexicanos y argentinos, wow. Ahora las novelas mal traducidas se pusieron interesantes, estoy leyendo una novela llena de jerga española, se lo montan fatal, menudo mogollón de estos tíos. ¿Porqué traducir españolizando las novelas?, ¡si la editorial va a vender acá los libros!, ¡la puta que los parió!, joder, que se los folle un pez. Ni en la priva compraría nuevamente un libro españolizado, ¿Losada, Minotauro, porque nos has abandonado?. Un autobús igual de la misma línea viajaba delante de nosotros. Es raro, pensé. A esta hora es el único viaje en estas carreteras desoladas, la oscuridad es esta total en este paraje boscoso. Solo se veían las luces traseras del coche, color rojo sangre, como un presagio, iluminaban la carretera. Viajamos a exceso de velocidad, como perseguidos por algo sin nombre que se ocultaba entre la sombras. De pronto en un árbol ardía un fuego, en el tronco, era casi imperceptible y nos acercábamos a donde se encontraba. Acelerados a tope escapando de algo que se cernía entra nosotros, vi un reflejo en el otro autobús, sentado en un asiento paralelo al mío, alguien entre las curvas me miraba, su rostro me resulto conocido. Pasamos cerca del árbol, había una veladora encendida, una imagen religiosa de una virgen, estaba horadada en el tronco, cerca de la carretera una cruz era reciente. Acá hay una tradición, cuando eres automovilista, y te paras cerca de una cruz, debes rezar un padre nuestro y poner una roca sobre la cruz, que es una forma de acercar a las almas perdidas a encontrar su camino. Todavía la barrera de protección no estaba todavía puesta y la cruz no tenia piedra alguna. Al fin el bus se perdió de mi vista y la ventanilla solo fue un recuerdo para mi imaginación y un buen punto para una historia. Me dormí, en un sueño calido y dulce. Duraba un poco mas de lo acostumbrado ese momento de duermevela, donde el lado de acá y los otros lado se mezclan y confunden, hablan un lenguaje lleno de símbolos y mantras, de mándalas, que son visos de un rompecabezas, todo tiene sentido, y nada es tan necesario como esa luz de sueño que ilumina el transparente mar de las incertidumbres, antes de que océano amniótico de sueño de acune entre los brazos. Cuando desperté llegábamos a la ciudad. Bajé del autobús arrastrando la maleta camino a casa, tenia la sensación de haber dejado una carga innecesaria en el trayecto. No había luz, en el cielo de tinta la luna llena era fulgurante como un sol de media noche, todo tranquilo, un clima agradable. Me senté en la acera a fumar, miraba hacia el cielo, la voluble luna y las estrellas fijas. Comenzó un desfile de estrellas fugaces. Pedí un deseo. Que todas mis despedidas sean como esta.
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