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No Veo la Hora de Salir para seguir cantando |
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Era el primer día de práctica para un psiquiatra que con el título recién impreso y una carta de recomendación, había llegado al internado, con muchos libros encima pero poca calle. Transitó los largos pasillos acompañado por el director y entre preguntas, respuestas y comentarios llegaron al jardín, un lugar plácido donde todos suelen caminar hacia ningún lugar.
Al joven le llamó la atención un hombre que bajo un árbol observaba fijo una
fotografía en blanco y negro con expresión nostálgica. Dirigiéndose al director le
preguntó sobre el caso y él le respondió que era buen momento de empezar a trabajar, le
palmeó la espalda y lo dejó solo.
-¿Cómo le va?
Ninguna de las preguntas parecía disparar una conversación que le permitiera esbozar un
diagnóstico.
-¿Le gusta el fútbol doctor?
-Después de la copa que decía que éramos los mejores de Argentina vino la Libertadores,
2 a 1 en la final contra Nacional de Montevideo. Cardozo y Raffo nos regalaron el título
de los mejores de América. Se vino la final en campo neutral, allá en Montevideo. Uno de los cuadros memorables de la historia del deporte. La elipsis perfecta del zapatazo de Cárdenas y la pelota entrando en el ángulo superior derecho del guardián escocés. Todavía tengo la foto, mire que maravilla. Esa noche llegué al puerto de Buenos Aires en un estado tal que aunque traté de dar explicaciones me internaron directamente. Yo les hablaba sobre el Equipo de José y la copa que decía que éramos los mejores del mundo, pero ya tenía el chaleco puesto.
-El primer campeón intercontinental argentino tenía los colores de mi corazón. Me
diagnosticaron locura, paranoia, psicosis y no se que sarta de cosas, pero lo mío fue, es
y será más simple Doctor. Hace como 30 años que me tienen acá y no veo la hora de
salir para seguir cantando como aquella noche en el puerto. El médico tomó el papel y comenzó a leer en voz alta lo que parecía la estrofa de un poema:
Después de un silencio el joven de blanco guardapolvo sentenció: -Lo suyo es grave, realmente no le encuentro explicación. -Todo los días se aprenden cosas doctor- Trató de explicarle el hombre de la foto. Y con una sonrisa como de resignación, le dijo: -Hay pasiones inexplicables, ¿entiende?. Pasiones parecidas a la euforia, a la depresión, a la locura, a la alegría, al llanto y que están ligadas a los colores de una camiseta, por eso yo y todos los que sentimos así, sabemos lo que con orgullo padecemos. Algo que no se cura y que es simplemente eso, una pasión inexplicable. por José M. Pascual Prohibida la reproducción total o parcial de los textos sin el consentimiento del autor
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