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Muchos
payasos, muchos animales, trapecistas y sobre todo muchos malabaristas
en este 2003, quizás el gremio más sufrido del Circo: ese que nunca se
agota de vivir haciendo equilibrio con lo que tiene en las manos.
No
importa si nos vienen con el comentario de la inexactitud del calendario
gregoriano, no importa si nos dicen que el cambio de año no es más que
matemática aplicada a nuestra empírica existencia. Lo cierto es
que el paso de un año a otro nos acerca inevitablemente a la esperanza
de cambio.
Generalmente
aprovechamos para pensar que si el número cambia algo debería cambiar
en nosotros. Los más satisfecho pensarán al menos inconscientemente:
"que sea igual al que paso". Los exigentes suplicaran
"venga un año mejor en todo sentido". Y la multitud
humilde y recatada a la hora de pedir, rogará que al menos no sea peor
del que paso.
Las
opciones conformistas ofrecen el famoso "de hecho siempre se puede
estar peor" y los insatisfechos utilizarán el "espero que
este año realmente consiga lo que merezco". Cuestión que a
fin de año, todos pedimos, exigimos, esperamos y sentimos en el aire
que algo cambia.
Esos
pedidos y deseos al aire no van dirigidos a Alá, Jehová, Ganesha,
Dios, Cristo, Buda ni al Manitu de las cosas. Simplemente es una
especie de introspección donde nos exigimos a nosotros mismos entrar en
la carrera en la que creemos estar compitiendo.
Así
como quizás las fiestas religiosas nos llevan a la metafísica y a la
conversación mística, el Fin de Año nos hace mirar de reojo a los
gobernantes.
El
2003 quizás pase a la historia por muchas cosas, por las imágenes
televisadas de Bagdad, por el presidente norteamericano pidiendo pena de
muerte, por los movimientos independentistas de la ex unión soviética,
por la ausencia de mundiales de fútbol o juegos olímpicos o por el
entretenimiento que nos propuso el vaivén político internacional.
Cada
uno habrá vivido sus historias personales en este 2003, pero más allá
del balance individual, el año no deja un sabor agradable para la
historia humana. Los gobiernos mundiales, casi en un acto
"casualmente" corporativo, han incrementado el control
social. Casi en un acto "virtualmente" acordado, desarrollaron
sistemas de presión muy semajantes a los fascismos que creíamos
superados.
No
se trata de locos enfermos con bigotillo corto hablando de la
superioridad de una raza, tampoco de magnánimas marchas con el brazo en
alto saludando a un emperador. Simplemente es la máxima
expresión de una polarización que conviene al poder hegemónico: Estas
de acuerdo con nuestro concepto de libertad y democracia o eres
terrorista.
No
es solo Bush, Blair y los guardianes del planeta, son sus imitadores
baratos de países periféricos los que también bailan gustoso en la
sima del tobogán que termina cercenando la libertad de expresión, el
libre acceso a la información y demás derechos humanos básicos.
Imitadores baratos que salen muy caros a los futuros de sus naciones.
Hoy
es fácil comprar los medios, modificar opiniones, exigir
"sutilmente" colaboración. Mentiras, mentiras y más
mentiras circulan como realidades y cada vez son menores los lugares
donde el ojo del amo no llega o no decide intervenir para su provecho.
En
un todo es mentir no contar las historias completas. Es
mentir acomodar los números de una encuesta, es mentir comparar
ventajosamente al tuerto con el ciego, es mentir demostrar que solo hay
dos lugares donde estar: marchando con del lado oficial o de parte del
enemigo público.
En
el 2003 las tendencias fascistas pendulares habrán llegado al limite?
Mi
respuesta tristemente oscura es que no. Es que posiblemente nos
esperen años aún más oscuros donde solo se escuchen las voces de los
ganadores y se lean las noticias que el poder quiere que leamos.
Control.
Cada vez más control. La más fácil de las formas de alimentar
al esclavo tratando de disfrazarle su condición con grilletes
lustrosos.
La
otra historia es mucho más compleja, y miles murieron a lo largo de la
historia, logrando avances y sufriendo retrocesos en la lucha por un
mundo donde seamos tratados como seres humanos con libertad de
elección, opinión y necesidades básicas cubiertas.
Este
año escuche hablar mucho de guerra, de cumbres económicas, de desarrollo
regional, de luchas por la libertad y la democracia, de terrorismo y
peligros inminentes, de atentados y sistemas efectivos de control, etc
No
escuche hablar mucho de educación, de libre acceso a la información,
de colaboración e intervención de los pueblos en las decisiones de
fondo, de prestar atención sincera a los deseos de la mayoría, de
salud, de garantizar un combate serio a la discriminación, de acuerdos políticos
para un futuro donde se fomente la construcción y no la
destrucción. No escuche mucha preocupación, y nada de ocupación
de parte de los que ahora están al mando, por dar a las futuras
generaciones las herramientas necesarias para solucionar los errores
criminales que hoy se cometen confinando a la mayoría de la población
mundial a la caridad.
La
visión puede ser tildada de oscura, pero no me puedo mentir, el mundo
no tiene en su balance 2003 muchas cosas de las cuales sentirse
orgulloso (claro que hay gestos individuales y luchas solitarias con las
cuales estoy siendo injusto), pero aún así me niego a utilizar el
"podríamos estar peor", no por ser un optimista contundente
sino por el contrario: podríamos estar peor y están trabajando para
eso, por la tanto son pocas las dudas que me caben a cerca de lo que
vendrá.
Quizás
algún fin de año nos encuentre hablando de progresos mundiales para un
mundo mejor. Quizás nos sorprenda hablando de educación,
justicia y salud.
Sin
educación ni libre acceso a la información (previó estómago lleno),
solo nos repetiremos a nosotros mismos como las plagas se reproducen en
un trigal.
José
M. Pascual
estecirco@canaltrans.com
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