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De
pequeño tuve bien clara mi vocación, mi necesidad imperiosa de ser
amado, admirado y brillante. Y aquella necesidad de alcanzar la
satisfacción personal me llevó a pelear duró para alcanzar lo deseado.
Quería ser una estrella y sabía los movimientos que debía realizar.
A los veinte estaba sonando en todo el planeta y mis canciones hacían
delirar al publico.
Después de lograr estar número 1 en las
ventas mundiales sentí la soledad de la que hablan las estrellas.
Por la calle todos me conocían y querían algo de mi: un autógrafo, un
pedazo de pantalón, un mechón de cabello, un poco de aquello que sentían
les pertenecía, y la paranoia se hizo rutina. No podía salir, no
era dueño de mis decisiones y comencé a decir en cada reportaje que
podía que lo que más extrañaba era poder andar por las calles sin que
nadie me reconociera.
Mientras pedía a mi representante agua
mineral traída de la montaña, caviar ruso y una mantequilla que solo se
consigue en la ex Guyana Holandesa, me ponía nostálgico la imposibilidad
de ir a comer de parado al centro de la ciudad.
Dadas las presiones, decidí no renovar
contrato pese a que todos me decían que estaba loco y opte por retirarme
a un templo donde los monjes me convencieron que lo importante en la
vida no es la fama, el dinero, las comodidades y el mundo superficial
que nada había hecho por mitigar mi insatisfacción. Fui al
encuentro de lo espiritual, para ello lógicamente rasure mi cabellera y
me despertaba antes del amanecer.
Al poco tiempo, dos o tres días,
reconocí que aquello no era para mi, creo que nunca llegué a comprender
porque teníamos que barrer el templo cinco veces al día si nadie
llegaría a decirnos el buen trabajo que habíamos hecho.
Logré identificar allí lo que
necesitaba, había tenido fama, había logrado casi todo, pero nunca había
tenido reconocimiento intelectual. Entonces dije adiós a los
monjes que ni siquiera notaron que me había ido y comencé a escribir un
libro. Fue un gran libro que rápidamente despertó la atención de
la comunidad intelectual mundial. En poco tiempo me vi en
conferencias, reuniones, simposios, y las figuras más prominentes del
mundo deseaban un dialogo de cinco minutos conmigo.
Fui poeta y pintor, y las esposas de la
Hi me hablaban de sexo delante de sus esposos sin que ellos se molesten
mientras bebían martinis secos.
Mis interlocutores esperaban que diga
algo inteligente todo el tiempo, y si solo decía "bueno, es tarde, ya me
marcho", se quedaba pensando que era lo que en realidad había querido
decir con una sonrisa que expresaba: "que brillantés de conceptos!!!".
Abrumado por editores, fanáticos y
lideres mundiales preferí cambiar mi nombre por uno impronunciable y
empezar de nuevo.
Comencé a beber en exceso y a
experimentar con todo aquello que me propusiera autodestrucción, me mude
a un motel para compartir habitación con una ex prostituta holandesa
adicta a la heroína y un joven devoto del marqués de Sade que se la
pasaba lustrando cueros cuatro de las seis horas que permanecía
despierto.
En mi cumpleaños número cuarenta vi en
el supermercado una familia eligiendo la marca de sus cereales y decidí
que eso era lo que necesitaba para ser feliz. Internado en un
centro de rehabilitación conocí a una enfermera que había abandonado la
adolescencia hacia unos pocos años y formamos una hermosa familia con
dos niños preciosos, una mascota, un jardín y dos automóviles... también
preciosos.
Casi seguro de haberlo logrado, me
sentí confundido cuando noté que los compañeros de escuela de mis hijos
no me reconocían y las amigas de mi esposa me trataban de usted.
Recordé cuando la policía me detenía y
en lugar de labrarme una infracción me requerían un autógrafo, cuando
podía ingresar a cualquier parte sin hacer la fila o cuando los meseros
me decían "no señor, dice el dueño que la casa invita".
Una tarde el empleado de una gasolinera
me comentó que soñaba con ser una estrella del fútbol y que estaba
entrenando duro para ello.
Eso es lo que necesito pensé, y mi
espejo sonrío irónicamente. No había mucho tiempo más.
¿Cuantas veces debe nacer uno para
alcanzar la satisfacción?
¿Quién sabe? Si al menos hubiera tenido
una oportunidad, solo una oportunidad de alcanzarla, pero no.
Maldita sea !!!!! Odio a cada uno de los miembros del jurado que me
dejaron fuera del concurso "Nace una Estrella".
José
M. Pascual
estecirco@canaltrans.com
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