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No
importa si es así, si es verdad, si es mentira, si depende de otras
variables, si es solo otra herramienta publicitaria, si es verosímil o
si es posible: es resultado de una encuesta y eso alcanza para que hoy sea
sagrado.
Los gobiernos últimamente tienen una
debilidad particular por las encuestas de opinión. Quizás porque
los gobiernos son empresas (sin entrar en detalle de conformadas para
qué) y se nutren de todo aquello que las empresas comerciales utilizan como
herramientas básicas: marketing, publicidad, relaciones publicas,
gestión, imagen corporativa, fuerza de marca, reconocimiento del
producto, etc.
Sabido es que todos los elementos que
las empresas aplican marketineramente tienen una forma de verificación
más allá de los balances económicos: las encuestas. Si un
directorio quiere saber si la última campaña publicitaria funcionó como
se esperaba quedan dos cosas por hacer: un seguimiento de los parámetros
en el mercado y una encuesta. Si X campaña solo estaba orientada a
fortalecer una marca en determinado segmento o a imprimir en el
imaginario social X adjetivos asociados a la empresa, solo queda una
opción de verificación: la encuesta.
Pero las empresas suelen saber que
engañarse no tiene sentido porque la realidad es inflexible y por más
que orienten la encuesta para validar la hipótesis deseada reconocen que
ese sistema engañoso no sirve de mucho.
Los gobiernos no se atreverían a
encuestas que arrojen resultados que no fortalezcan el nombre de la
marca. O por lo menos reconocerán que es mejor hacerlas públicas.
Y en esta era encuestadora no son pocos los gobiernos que decidieron
ellos mismos generar encuestas que los favorezcan (desde luego sin
importar el método sino sólo el resultado).
Claro que en ese afán encuestistico no
faltará quien pregunte obsecuentemente: ¿Cree que este gobierno es el
mejor gobierno que ha habido en la historia?
Desde ya no destacaremos que la
encuesta fue realizada entre los partidarios del partido gobernante y
mucho menos que hasta a ellos mismos les costó responder que sí.
A veces aparece un olorcillo extraño de
"Encuesta Invertida": algo así como "debo llegar a 4" entonces sumo 2 +
2. Para llegar a "El turf es el deporte número 1 en el país es
menester emprender la encuesta en el hipódromo".
Pero todo esto es casi una adición
irrefrenable, algo que crece como una pelota de lodo cayendo por la
pendiente humedecida de los egos.
El cientificismo deforme abonó la
idea de que todo aquello abalado por una encuesta es irrefutable y así
yo puedo decir que "Todos los ingleses toman el té a las 5:15 de la
tarde porque según una encuesta realizada a 300 ingleses el 80% se
retrasa 15 minutos a la hora de su Five O´Clock Tea".
Y llega el momento sagrado en que entro
en nirvana y ni siquiera me cuestiono para que quiero saber eso si "eso"
está abalado por una encuesta de la Universidad de alguna ciudad de un
estado norteño de USA o de alguna ONG europea.
Como todo aquello que no presenta
alternativa o competencia directa "la encuesta cuantitativa" es ama y señora. Y
más aún, su poder crece cuando son pocos los que se interesan por
detalles como: ¿quién realizó el sondeo? ¿Qué tipo de encuesta se
eligió? ¿Cual fue el universo seleccionado para tal fin? ¿Qué paradigma
se aplicó para su realización?
Las mujeres altas son más propensas a
usar ropa interior oscura (encuesta realizada a 3 mujeres de más de
metro ochenta). Fumar aumenta la propensión a ser picado por abejas
(encuesta realizada a un fumador atacado mientras revisaba un panal).
El mundo es fanático de Nacional de Medellín (encuesta realizada en la
tribuna local de Nacional de Medellín).
Simplemente la encuesta está allí y
como tal es "poderosa" herramienta de propaganda. Ya dejó hace
tiempo de ser un instrumento científico de verificación de hipótesis.
Cada día crece la inevitable tentación de afirmar, negar o comunicar
cualquier cosa a modo de resultado de encuesta.
Algún día, algún gobierno, presentará
su encuesta: "¿Usted cree que nos importa que piensa usted mientras
nosotros podamos conservar el poder?".
¿Algún día se atreverán a publicar el
verdadero resultado?
No importa. La fiebre
encuestadora llegó para quedarse. Otro ejemplo del pasaje de las
herramientas de medición de mercado adoptada con todo afecto y pasión
por gobernantes que día a día se asemejan más a empresas. Sólo que
en estos casos, siempre uno se entera demasiado tarde del producto que
desean vendernos.
Hay días que me siento oscuro, otros
positivo, algunos mediocre, abatido, periodista, escritor, amante,
ecléctico, caótico, efectivo, suspicaz, perdedor, incomprendido, sagaz,
estupido, débil, ciclista, heroico, inútil, sutil, brutal, efímero,
incapaz, torpe, borracho, feo, victorioso, astuto, jugador, refinado,
ignorante, obrero, malvado, bendito, joven, viejo y podría seguir...
pero se que la respuesta a lo que soy solo me la puede dar: una
encuesta. Y no se si quiero leer el resultado.
Iré a ver cuál es la comida favorita de
los croatas, qué porcentaje de irlandeses desayunan con cerveza, si las
mujeres de Burkina Faso se sienten sensuales después de cumplir los
cuarenta y que dice el gobierno de si mismo a través de la última
encuesta.
José
M. Pascual
estecirco@canaltrans.com
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