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A
veces creo que la excesiva información volcada con ritmo de
entretenimiento provoca... digamos... efectos colaterales. Yo ya
traté de generar una rutina que no me exponga frente a la peligrosa
actividad de salir de mi recinto, La inseguridad en las
calles es tan grande que aterra. A juzgar por los índices de accidentes
de transito es notable que haya gente que llegue a sus hogares.
Y el transporte público no es la opción, ya que con lo que han crecido
los registros de asaltos violentos y asesinatos, uno no puede estar
seguro ni siquiera en hora pico. Si uno tiene la suerte de residir en un país donde
no se den atentados extremistas a cada día, tampoco puede
sentirse exento. De hecho estos grupos parece que accionan como células
(o algo así escuche) y aunque estén inactivas sólo esperan una orden
para atacar donde sea y cuando sea.
Vivir en un
apartamento en el cuarto piso es, dentro de todo, una tranquilidad.
Si la energía eléctrica fallara uno puede subir caminando sin necesidad
de ser un maratonista. Si inundaciones tremendas (que con
todo esto del cambio climático pueden suceder en cualquier parte)
alcanzaran la morada, difícilmente el agua llegaría al cuarto piso, y en
caso de terremoto supongo que los del cuarto hacia arriba estarían en
mayor riesgo. El cuarto esta bien.
Yo trato de no
hablar con mis vecinos, quién sabe, quizás algo de lo que diga les cae
mal y, ahora que todo mundo esta armado, no deseo que me respondan un
saludo con una ráfaga de balas. Los jóvenes me dan cierto
temor porque escuche que se reúnen en pandillas y que muchas veces no
respetan ni a los ancianos. Yo no soy viejo, de hecho trato de
tomar distancia de ellos y prefiero no cruzarlos ya que muchos de ellos
andan por los hospitales y la televisión dio un informe de como en los
hospitales hay virus que muchas veces propagan enfermedades peores
que las que uno pueda ir a tratarse.
Me gustaría
mantenerme en forma, pero realmente es un problema porque supe que hay
ejercicios que pueden dañarte por otro lado. Creo que lo
importante es mantener bien limpio el sitio donde uno está. Vi un
documental que mostraba con detalles obscenos los miles de organismos de
aspecto realmente horripilante que conviven con nosotros en
tapetes, sábanas, pisos, mesadas, sillas, platos, vasos...
El otro día
recordé las palabras de un amigo, bueno amigo es demasiado, digamos un
conocido, que una vez me dijo: si conoces
las cocinas de los restaurantes no comes más fuera de tu hogar. Y así
fue, desayuno, almuerzo y ceno en casa, aunque ciertamente me cuesta
elegir los productos a ingerir luego de ver un programa de como se
procesan algunos alimentos. Aún recuerdo como se crían los
pollos y como se confeccionan las salchichas...
El mar me
fascina; su majestuosidad, su sonido. Y de hecho me gustaría nadar
en él sino fuera por esa película sobre tiburones que vi.
Lo peor es que si no es un tiburón, puede ser una manta raya, un erizo,
algún otro pez, no sé, realmente me parece increíble que haya gente que
entre y salga del mar sin mutilaciones. Y ni hablemos de los que
dejan botellas de vidrio en la playa y luego con la marea... bueno....
Lo importante de ser
cuidadoso e informado es que uno sabe lo que lo rodea. Fumar trae
cáncer y estar con alguien que fuma es peor aún. Tener exceso de peso
es más mortal que el cigarrillo, pero aún así puedes ser delgado y que
tu organismo generé enfermedades de otro tipo igualmente letales.
Miren Chernobyl, quién lo hubiera imaginado. Aunque no hace falta
que sea Chernobyl, vi gente en el periódico desesperada por daños
respiratorios solo por el hecho de vivir a unas leguas de una fabrica de
baterías.
Por suerte no hay
fabricas cerca de mi residencia, aunque no se cuanto tarde en llegar la
lluvia acida. La capa de ozono se está extinguiendo, pero según me
dicen aquí en la radio pasará un buen tiempo hasta que los polos se
derritan. Eso me tranquiliza en cierta medida, pero como se puede
estar tranquilo sabiendo que una araña tan diminuta como la Viuda Negra
puede inocular un veneno tan mortal. Sé que no hay Viudas Negras
por aquí, ni vinchucas, ni mambas, ni corales, ni cobras, ni mosquitos
que trasmitan enfermedades, pero ¿qué tal si algún laboratorio olvida
sus normas de seguridad y deja en libertad un alacrán, y este se esconde
entre mis libros?
Intento no
manejar dinero, vi que los billetes pasan por tantas manos que muchas
veces son albergue de microorganismos que se ven grotescos ampliados por
cien mil veces. Me tranquilizó mucho saber que los misiles
de oriente no pueden desviar tanto su recorrido como para llegar a donde
estoy ubicado, sin embargo esa tranquilidad duró poco al ver una
publicidad de yogurth que me mostraba todo lo uno tiene dentro de los
intestinos sin siquiera saberlo. Cuando me informé sobre la
vaca loca y la aftosa dejé de ingerir carne vacuna. más allá del
colesterol y otras cosas que me enteré que trae el consumir mucha carne.
Y el pollo nunca me agradó, menos mal, la gripe aviar es un verdadero
flagelo. De los pescados no estoy seguro, pero con tanto
petrolero derramando contenidos en los ríos y mares realmente sería
valiente pensar en una corvina a la vasca. Las verduras deben ser muy bien lavadas porque
parece que las toxinas de las fumigaciones quedan allí latentes.
Las limpiaría con agua corriente pero desde que vi un informe sobre los
planes de un gobierno de facto de envenenar toda la red de agua potable
de la capital de un país vecino, solo uso el agua corriente para
bañarme. Bañarme con ciertas precauciones, ¿sabían que el baño es
el sitio del hogar donde más frecuentemente se dan los accidentes
domésticos?
La violencia en
el fútbol es creciente y por eso ya no voy a los estadios, ni siquiera a
conciertos. Y no crean que todo lo que pasa pasa en la
cancha. El otro día leí que un niño mató a otro con una
escopeta propiedad de su padre, y también que un perro atacó a una
señora que era su dueña. Afortunadamente no tengo perro, ni
señora, ni escopeta, ni niños. Y de hecho cuando los veo por la
calle, en alguna de mis salidas obligadas, trato de evitarlos ¿quién
sabe si ese niño no trae una escopeta de su padre o si esa señora no
trae un perro en su bolso? O peor aún, que esa señora traiga un niño con
una escopeta y un perro.
Revise los
índices de accidentes en la Formula Uno, los porcentajes de muertes en
vuelos aéreos y también cotejé un esquema de como el Ántrax puede
convertirse en un arma asesina cuando se envía por correo. Los
primeros no me inquietaron porque no soy piloto ni tampoco viajo en
avión, pero ¿y si viene el cartero? ¿Cómo saber que contiene un
sobre?
En el horario
central de la televisión me hablaron de como uno puede convivir con un
asesino serial sin siquiera notarlo y como los loros transmiten
enfermedades bien peligrosos. No tengo loro y no convivo con
nadie, así que me despreocupe hasta que supe que una vecina sí tenia un
loro. Por suerte Internet me sacó la duda y al parecer debo estar
en contacto con el animal para que revista cierto peligro hacia mi
persona.
En fin, es que me
gusta tanto vivir que realmente me gusta estar informado sobre los
peligros que me acechan. Ahora estoy viendo un informe sobre los
riesgos de cortarse con un filo oxidado, por suerte no manipulo ese tipo
de objetos.
A veces me da
miedo irme a dormir porque sé de gente que ha muerto mientras dormía.
Además me inquieta imaginar que mientras duermo: la televisión, la radio
o algún periódico, o revista que nunca leeré, me pudiera estar informando
sobre las causas por las que alguna vez, espero que sea dentro de
muchísimos años, he de morir.
No soy paranoico,
de hecho leí algo sobre esa patología y es terrible. Soy un
ciudadano informado a través de los medio de comunicación masiva. No soy
paranoico, no lo soy. En serio, no soy paranoico. No señor.
No.
José
M. Pascual
estecirco@canaltrans.com
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