Raul Perrone

entrevista

"No me traiciono ni a palos"

Raul Perrone

Parecía otra de las ironías con las que suele jugar el Destino: entrevistar a Raúl Perrone en un bar ubicado en un lugar que el snobismo porteño ha rebautizado como Palermo Hollywood.

Raúl Perrone es un artista popular (en el buen sentido de la palabra). Con el mundo que creó a través de su cine y desde su ya mítica Ituzaingó, pueden verse reflejados los jóvenes de cualquier barrio (desde Lanus a San Isidro), pueden descubrir sus miedos, sus sueños, sus alegrías. Y todo esto a través de inolvidables personajes que ha creado el "Tolkien de maceta" (como lo bautizó Fernando Peña).

Y al encontrarse uno con el Perro, descubre al instante, la pasión que posee por el cine. Lo que puede parecer un ego sobredimensionado, es en realidad una incontrolable necesidad de vivir y hacer y hablar de cine, de su cine. Porque el Perro se ha transformado en un referente indiscutido cuando se habla del cine independiente argentino, pero no se pone plumas ni se sube al pedestal para vanagloriarse de su posición. Sigue siendo el mismo apasionado que aquel que filmaba sus primeros cortos en Super 8.

"Sé en mi intimidad quién soy, lo que soy y lo que hice"

La Linterna Mágica: ¿Te sentís uno de los padres, o dicho de otra manera, notás la influencia de tu cine en la nueva generación de directores argentinos?

Raúl Perrone: Que yo lo diga no está bien, lo que siento es bronca más que sentirme el padre. Pero creo que siempre el tiempo coloca las cosas en su lugar. Hay mucho boludismo dando vueltas por ahí, o el boludogma ha hecho que un montón de tipos se subieran al caballo.

Cuando yo empecé con esto, fui uno de los primeros tipos que empezó a laburar en video, ahora los pelotudos dicen digital, ¿entendés cómo cambió?

El digital, como lo digo en mi programa y lo hemos charlado con muchos directores, ha venido a reivindicar la palabra video. Yo siempre me cagué en eso porque me parece que a los pibes que van a ver las historias que vos contás, les importa tres carajos de que están hechas las películas.

A la cola de gente que había para ver Graciadió en el Lorca, no les importaba que estuvieran hechas en video ni en digital ni en nada. Iban a ver una historia que los conmovía, que se sentían identificados. Tal vez en ese sentido me siento un precursor, de haber hecho, porque no había otros medios de hacerlo y porque no hubo un estudio de marketing tipo "vamos a hacer esto porque queda marginal". Creo que eso sí marcó un estilo, eso posibilitó que a lo mejor vinieran un montón de tipos... Labios de churrasco data del 94, mirá si corrió agua bajo el río.

Lo otro queda para el periodismo. Sé en mi intimidad quién soy, lo que soy y lo que hice. Después, queda por cuenta de la gente. El tiempo suele colocar las cosas en su lugar.

Tampoco creo que se hable de cine argentino y no se hable de mí, creo que es un lugar ganado. El lugar que debería tener... eso no me calienta. Yo digo - a veces medio en joda y quizás muy en serio -, que a lo mejor que de tan adelantado que estuve llegué tarde. Si yo hubiera aparecido ahora, sería un renovador absoluto.

Alguien dijo alguna vez, algún crítico por ahí, que si Labios de churrasco se hubiera estrenado comercialmente, hubiera sido la película que marcaría todo esto. Y de hecho lo marcó sin haberse estrenado, hay mucha más gente que cree que vio Labios de churrasco de la que la vió, mucha gente habla de esa película y no la vio, pero sabe que esa película existe. Creo que ese es el mayor logro.

 

LLM: Hablando específicamente de tu cine, ¿cuándo te decidiste por el plano secuencia para contar tus historias?

RP: Lo del plano secuencia viene más que nada por una cuestión pictórica. Yo vengo del dibujo y siempre pretendía que los actores estuvieran dentro de un cuadro en movimiento. También por mi fobia a los actores, quería que los actores no fueran salvados por medio del montaje.

Y por vago básicamente, por montar un buen encuadre y que en ese encuadre pasen un montón de cosas y estructurar la película: una secuencia, una toma, una secuencia, una toma.

 

LLM: ¿También para ahorrarte trabajo a la hora de editar?

RP: No, no es por eso. Es por la manera en que laburo yo, que es muy ansiosa y rápida. Si yo estoy haciéndote una toma a vos, después el cambio de luces para mí... hay que mover todo y eso me aburre enormemente. Entonces prefiero clavar la cámara y decir la toma es esta.

Nació por una necesidad, más que nada de ansiedad mía. Se fue mezclando todo: la pintura, la ansiedad y de eso salió un estilo.

 

LLM: ¿Cómo lo trabajás con los actores? Porque es complicado bancarse un plano secuencia para un actor...

RP: Sí, sobre todo yo que no laburo mucho con actores profesionales entre comillas. La incomodidad de la cámara - que es lo que ejerzo también en mi programa -, yo ejerzo la molestia en el tipo. Pero tenés que bancártela, una vez que entraste en el código, entraste.

 

LLM: ¿Trabajás con un guión o dejás improvisar a tus actores?

RP: Lo que tengo son estructuras más que diálogos. Sé cómo empieza una secuencia, por dónde quiero que vaya y cómo termina. No tengo escrita la totalidad de la secuencia - por lo mismo que te decía antes - no puedo escribir porque pienso más rápido de lo que escribo, entonces lo que hago son anotaciones.

Les hago mucho la cabeza a los tipos antes de empezar a filmar, soy un internador de cabezas. Agarro a los tipos y los interno. No hay un ensayo previo, por la cuestión de que se conozcan, del aburrimiento, de llegar cansados al lugar; sino que antes a veces no saben ni lo que van a hacer. En ese momento tengo que internarlos y tratar de sacar de ellos lo que yo quiero que hagan por mí. Es un laburo de psicólogo, o sociológico si querés.

 

LLM: ¿Es difícil trabajar con Perrone?

RP: Sí, muy difícil, pero lo han entendido. Antes era más difícil que ahora. Sigo teniendo siempre yo solo la película en la cabeza, pero ahora hay más gente que entiende cómo es la dinámica de laburo. Hay gente que, por ejemplo, yo laburo los sábados, entonces los viernes recibían su texto y lo ensayaban y lo aprendían, y venían el sábado estructurados entonces yo decía "eso no va hoy"... Yo desestructuraba todo el tiempo.

Los tipos que ya me conocen y hace años que laburan conmigo es como que ya la vivieron, como el policía de la trilogía (Carlos Briolotti)

Pero también me gusta jugar un poco con eso porque yo soy así en mi vida. Es un riesgo.

 

LLM: ¿Cuando empezás a filmar ya tenés toda la película en tu cabeza?

RP: No, tengo lo que voy a filmar ese día. Nunca tengo la totalidad de la película porque la voy cambiando continuamente, va mutando. Si vos vieras lo que era Labios o Graciadió, no te darías cuenta en lo que terminó.

 

LLM: ¿Cómo trabajás la estética de tu cine?

RP: Jamás hice un story board. Hay una característica en mí, que siempre la pongo como ejemplo, que es el aburrimiento. Si yo pudiera dibujar mis películas, no las filmaría porque ya estarían dibujadas. Si las pudiera escribir, editaría un libro. Me gusta mucho el tema de la improvisación. Me gusta todo lo que tenga que ver con el riesgo.

 

LLM: Otro de las características de tu cine, es que tus personajes pueden pasarse toda una escena hablando de cosas intrascendentes, a diferencia de una larga tradición del cine argentino donde cada frase del personaje es una declamación sobre alguna verdad de la vida.

RP: Yo me acuerdo lo que me dijo un pibe de la FUC, un pobre pibe de la escuela de Antín... Había un pibe muy fanático de Labios, y pidió que la pasáramos en la FUC. La pasamos y había 300 tipos o 200 tipos y querían que yo de una charla, que yo me negué a dar porque hablo cuando tengo ganas y si hay buena onda. Entonces me quedé por ahí y venían y hablaban conmigo. Labios empieza con "Ituzaingó - Buenos Aires - 1994", entonces este pelotudo dijo "si no hubiera tenido la fecha hubiera pensado que te habías copiado de Tarantino". Yo le pregunté porqué, y me contestó que por los diálogos, por las chicas en la pileta que no hablan de nada... Entonces le dije "vos sos un tarado mental, vos estudiás cine porque tu viejo tiene guita, vos sos un pelotudo y aparte un desinformado porque Tarantino existe ahora en los noventa; tenés una tara mental y lo que pasa es que nadie se metió a poner en una película lo que a vos te pasa en la vida". Eso es lo que yo les inculco a los pibes, a los que ahora les estoy enseñando cine, que traten de hacer lo que ven, que no se vuelen con que ven todas cosas metafísicas de muertos que aparecen. Hablen de la vida, boludo.

 

LLM: Mucho Eliseo Subiela...

RP: No sé si Subiela, los pibes se creen que haciendo eso es mucho mejor. Que hablen más de cosas terrenales, hablen de lo que le pasa a los pendejos hoy en día, del laburo, de que no hay laburo...

"Estoy tan lejos de ser una star"

LLM: ¿Por qué preferís trabajar con poca gente en el rodaje?

RP: Mucha gente molesta, la gente molesta siempre. Yo he ido a algunas filmaciones en que hay tanta, tanta gente, ayudantes de ayudantes de ayudantes. Yo digo "no loco, la vida es más simple". Entonces empecé a achicar. De hecho Peluca la hice con cuatro personas: yo haciendo cámara a veces, un buen cameraman y director de fotografía, un sonidista y un asistente para que me haga té cuando tuviera ganas. Y así y todo está super cuidada de imagen y de sonido.

Es una mentira, todo esto va en contra de un montón de prejuicios, yo desmitifico todo. Todo eso es una pajería que no conduce a nada. Yo podría ponerme en star y laburar con treinta personas, lo podría hacer si quiero pero estoy tan lejos de ser una star...

Yo tengo un taller donde tengo cincuenta personas, sabés lo que es manejar cincuenta pibes todos los sábados... Sin embargo, el tipo que está ahí a las tres y media de la tarde soy yo. No mando a un ayudante de cátedra. Estoy yo, y chicos que no han hecho nada en su puta vida, durante todos los sábados hacen un corto de cinco minutos. Y vos ves que tienen una pasión insobornable que es lo único que te pueden transmitir.

"Lo que digan los críticos a mí me chupa un huevo"

En esos momentos llega una viejita, saluda al Perro y éste le dice que la aguarde unos minutos. Perrone me cuenta que la mujer quiere hacer una retrospectiva de su obra en la muestra de cine sudamericano que se realiza anualmente en el Cervantes de Paris, La Sudestada (me aclara que si se hace, él no va a viajar porque no le gusta subirse a los aviones).

 

LLM: ¿Cómo es tu relación con el INCAA y con el nuevo director (ya ex director, José Miguel Onaindia)?

RP: Cero. Ahora el tipo me conoció y pude decirle que nunca tuvieron la gentileza de llamarme, y lo conminé en cámara a que me llame o a que nos podamos juntar a charlar. Lo que pasa es que no sé qué va a pasar. Yo tengo a punto de estrenar Peluca y Marisita, y no sé cómo la vamos a estrenar porque es muy difícil, porque hace falta mucha guita y porque hace falta un engranaje en el cual yo no encajo.

Yo tengo la necesidad imperiosa de salir a la cancha cuando yo tenga ganas. Lleva mucho tiempo estrenar una película, es un desgaste absoluto. Me gusta más hacerla que estrenarla.

 

LLM: ¿Por dónde pasa tu ansiedad por estrenar?

RP: El hecho de que la gente pueda ver la película, de no recibir un mail y me pregunten dónde la pueden ver, de que no me paren en la calle y me digan: ya vi Labios de churrasco diez veces en Liberarte porque no hay otra; cuándo vas a estrenar; cuándo sale en video. Y ya estoy un poco hinchado las pelotas.

Sé que hay un público muy en la gatera esperando a que estrene. En el medio del Festival, pasé Peluca y Marisita, y entraron setecientos monos a verla y quedó gente afuera. Eso genera una expectativa, la gente tiene ganas de que vos estrenés en una sala, que el pibe junte unas monedas para ver tus películas, aquel que te sigue desde hace mucho tiempo. Esa es mi única preocupación... porque no tengo un living en mi casa tan grande como para que venga la gente a verla. Si no, que vengan a mi casa y la vemos.

 

LLM: ¿Qué sentís cuando tus películas son recibidas por el público?

RP: A veces no sabemos para quien laburamos. Es una angustia absoluta porque crees tanto en lo que hacés, te gusta tanto lo que hacés que decís a quién carajo le va a gustar todo esto, que se sienta identificado con todo esto que contás que son historias muy chiquititas, muy cotidianas.

 

LLM: ¿Cómo te llevas con la crítica?

RP: Yo creo que la crítica es importante en la medida de que no deberíamos darle tanta pelota. La crítica es una mina que rompe mucho las pelotas. Yo no me llevo muy bien con la crítica, a pesar de haber sido en su momento un niño mimado por ellos. Me enojo cinco minutos pero se me pasa. Me da lo mismo que hablen bien o que hablen mal; me gusta más que hablen bien por supuesto. No creo mucho en los críticos, yo creo en la gente. Si la gente va a ver tu película, lo que digan los críticos a mí me chupa un huevo, de verdad.

Intentó finalizar la entrevista para que pueda hablar con la señora del Cervantes, pero el Perro me dice que sigamos hablando. Perrone es un apasionado de su cine, así como no puede dejar de filmar, tampoco puede parar de hablar sobre su cine, de compartir sus experiencias...

 

LLM: ¿De dónde surge la idea de incluir músicos de rock en tus películas?

RP: Eso viene por una deformación, porque veía en muchos tipos europeos, Wenders sobre todo, o Jarmush, que manejaban muchos músicos de rock, los vengo viendo hace mucho tiempo en el cine. Y yo me daba cuenta que acá no los usaba nadie, yo veía en los tipos una cierta teatralidad que nadie les veía. Me acuerdo que el primer corto que hice (Bang-Bang), allá por el 90, 89 creo, fue con Piero, que no habla ni canta, y a partir de ahí empecé con todos... con Calamaro, con Charly. Porque me pareció que era copado que los tipos pudieran estar. Y sobre todo no usarlos de una manera comercial, tampoco les pedía la música. Recién la música empezó a aparecer en mis películas a partir de Labios, pero porque Iván (Noble, ex líder de los Caballeros de la Quema) me dijo "che, me gustaría hacerte la música de la película", e hicieron algo distinto a lo que hacían Los Caballeros de la Quema.

Pero nunca fue mi intención que estuvieran ellos por la música. De hecho a Otero nunca lo vi en vivo, es muy raro. Ni a Los Caballeros vi en vivo.

Nace de mi ideología rockera, yo hice muchos dibujos sobre rock, tengo un libro dedicado al rock and roll, 20 años de rock and roll. Hice uno sobre los Rolling Stones. Tiene que ver con toda mi formación de pendejo. Pero en ellos veía más que nada a un actor, no veía a un músico que laburaba de actor y eso me pareció piola.

"Yo pongo en mis películas
todas las cosas que me pasan en la vida"

LLM: ¿Por qué repetís la frase de Bergman de que uno siempre hace la misma película?

RP: Porque en realidad uno busca la perfección. Si vos ves la trilogía, es la misma película. Los personajes van cambiando, pero están mis obsesiones, mis frustaciones, mis miedos, mis locuras, mis amores. Y yo pongo en mis películas todas las cosas que me pasan en la vida, son anotaciones de un pasado no muy lejano. Por eso hablo de una misma película.

Peluca y Marisita es un quiebre en mi filmografía porque es mucho más violenta y visceral que las otras. Es como una Labios de churrasco mal.

 

LLM: El corto Día del niño, también sigue esa línea...

RP: Viene habiendo como un cambio. Son esos quiebres que haces, que te hinchás las pelotas con algo, que decís "bueno, hasta aquí llegó mi humor, no quiero tener más humor". Peluca y Marisita te das cuenta que es una película mía al toque: por los encuadres, por lo que dicen, cómo hablan, cómo se mueven; pero si las demás eran realistas, ésta es super realista. Tiene que ver con lo que te pasa en la vida también. La felicidad fue un quiebre, fue decir ya me cansé un poco de este humor. No quiere decir que no lo haga nunca más. Yo también soy muy contradictorio. Si La felicidad la hubiera hecho con el mismo tono que tiene Peluca seguramente alguien hubiera muerto. Estoy más cerca de eso ahora porque me parece que el absurdo lo manejo, me gusta pero ya tengo ganas de sacar afuera toda la mierda que veo.

 

LLM: También cambió la situación social.

RP: Sí, pero tal vez cambié yo también. Te cambia la sociedad en la que vivís, estás acá y te afanan, subís a un taxi y te afanan, salís de acá y ves que están cagando a trompadas a un tipo ahí enfrente... Uno tiene que ser - como hablamos con Iván (Noble) siempre -, uno tiene que ser un cronista de todo lo que ve. Yo anoto mentalmente en mi cabeza, y de última tomo anotaciones y digo esto me gustaría que pase en una película.

Pero volviendo a la pregunta, creo que siempre es la misma película. Podrán cambiar las caras, podrán cambiar los personajes, pero yo sigo siendo yo. No me traiciono ni a palos.

 

LLM: ¿Cuáles son los directores que más influyeron en tu cine?

RP: Los que más me gustan, los más contundentes son Wenders, Jarmush. Me gusta mucho Ozu, Bresson, Fellini. Esos son los tipos que más me gustan. Bergman me aburre, de Bergman repito frases nada más.

 

"Soy un cronista de la vida"

El año pasado, en Canal (á), Perrone comenzó un programa sobre cine independiente (A cara de Perro). Podría considerarse ese programa como una continuación de la pasión del Perro por el cine y por qué no, también como parte de su obra. La cámara se posa sobre el entrevistado, no le da espacio, y se nota que al Perro le gusta eso, así como habla de no salvar a los actores mediante el montaje, los entrevistados deben enfrentarse a una cámara que no les da respiro, que los saca de su lugar, de la impostura (particularmente en la entrevista al ex director del INCAA, José Miguel Onaindia).

 

LLM: ¿Preparás previamente las entrevistas?

RP: No, no hay presentación, no hay tiempo a que nos conozcamos. Hay tipos que ni conozco. Nos conocemos por lo que somos, no de hablar personalmente.

Yo no hablo con los tipos antes, no les cuento de qué voy a hablar. No se prepara nada, ni siquiera leo sobre los tipos. No me hago una listita y digo voy a hablar con Caetano de tal cosa. Llega Caetano y yo ahí, tal vez me ilumino y empiezo a hablar de determinada cosa. No hay posturas. No existe esa cosa rigurosa, porque tampoco soy periodista. Soy un cronista de la vida.

 

LLM: La espontaneidad beneficia enormemente al programa.

RP: Yo cuando me propuse hacer el programa, fue un poco como lo del cine: tratar de ponerme delante del cuadro, lo que muy poca gente usaría. Trato de ser lo más honesto posible. Si estoy enojado, digo que estoy enojado, como en el programa de Gastón Pauls. Y si estoy bien, te das cuenta que estoy bien. También le puedo decir al cameraman "corréte de acá loco que me molestás y ponete ahí". Son cosas que como yo lo edito podría sacarlas, otro tipo las sacaría; yo lo dejo, me gustan los fuera de foco, me gusta que si están las dos cámaras juntas decir "andá de aquel lado". Como si tengo ganas de ir al baño, me levanto y voy al baño.

Trato de ser como soy en la vida. Agradezco que haya un canal que me permita hacer eso, que haya visto un programa y diga bueno, ok. Yo sé que estoy haciendo algo que podría haber salido en el cable - sin desmerecer -, de Castelar, que diga bueno es Perrone, que haga lo que se le cante las bolas. Pero en Canal (á) que tiene una proyección internacional, en toda Latinoamérica, que está renovándose, que está apostando...

 

LLM: Y en un buen horario.

RP: Aparte hicimos un piloto y el piloto fue el primer programa. Yo agradezco mucho que me permitan ser yo mismo.

 

LLM: ¿Cuáles son tus dos minutos de una película? (pregunta que Perrone hace a todos sus entrevistados)

RP: Una escena de Ladrón de bicicletas (Vittorio de Sica, 1949), cuando al final no encuentran la bici y va el tipo silbando con el pibe y el pibe empieza a llorar. Esa es una escena que me gusta mucho, pero hay muchas. Me gusta el principio de Sed de mal (Orson Welles, 1958), que dura diez minutos.

 

LLM: Algo bien alejado de tu cine, donde no filmas tomas complicadas o "virtuosas"...

RP: No, lo mío es mucho más simple. Hay algunos cortos que hice como Chamuyando que fue planificado en tres planos y eso era todo un travelling. Pero trato de no usar travelling ni grúas ni nada porque cada vez tengo la urgencia de filmar más rápido. Ultimamente estoy agarrando la cámara y filmo mucho más rápido lo que quiero contar.

 

El Perro es un apasionado del cine, de su cine. No le importan las escuelas, los dogmas, los manuales... Cuando el cine argentino parecería estar viviendo un momento de renovación, Perrone ya venía haciendo cosas que recién ahora sorprenden a críticos, estudiantes y simples espectadores.

Pero Perrone es un artista y tiene la necesidad vital de crear, y realmente se caga en todo (perdón por la expresión) y no para nunca. Como escribió Bukowski (tan apreciado por su amigo Noble): "si vas a crear, vas a crear trabajando 16 horas por día en una mina de carbón o vas a crear en una piecita con 3 chicos mientras estás desocupado, vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de tu cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco, vas a crear con un gato trepando por tu espalda mientras la ciudad entera tiembla en terremotos, bombardeos, inundaciones y fuego". Y mientras nuestro país se está incendiando, desde Ituzaingó el Perro va a seguir creando...

FILMOGRAFIA DE RAUL PERRONE

1990 - Buenos Aires - Esquina

1990 - Bang - Bang

1991 - Suave como el terciopelo

1992 - Angeles

1993 - Blus

1993 - Nos veremos mañana

1993 - Chamuyando

1994 - Labios de churrasco

1995 - Jimidin

1996 - No seas cruel

1997 - Graciadió

1998 - La película del taller

1998 - La felicidad (un día de campo)

1998 - Zapada, una comedia beat

1998 - 5 pal´ peso

2001 - Peluca y Marisita

ALGUNOS PUNTOS QUE TENGO EN CUENTA
A LA HORA DE FILMAR (por Raúl Perrone)

1 - Filmar con una sola cámara

2 - Cagarse en el formato: si lo que tenés para decir no se sostiene en VHS, tampoco se va a sostener en Beta, en S 8, en 16 ni en 35 mm

3 - Utilizar muchos exteriores, para no discutir con el director de fotografía (y además para ahorrar luz)

4 - Utilizar sonido directo. Si es muy bueno, ensuciarlo

5 - Tirar una sola toma. En caso extremo, dos

6 - Trabajar con actores y actrices creíbles, con músicos de rock y siempre con cuatro o cinco vecinos

7 - El equipo técnico no debe superar las 10 personas

8 - El rodaje durará como máximo, 8 días

9 - Grabar la música en un porta-estudio. Si pasa algún auto o ladra algún perro, mejor

10 - Pase lo que pase, terminar la película

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