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Whisky
Romeo Zulu representa un ejemplo más que particular de
cine testimonial ya que está dirigida, producida escrita y
protagonizada por alguien que vivió la historia “desde
adentro” (2) . Su debutante director, Enrique
Piñeyro, fue durante 11 años piloto de LAPA, empresa a la
cual renunció cansado de la condición de los aviones y la
falta de seguridad en los vuelos. Antes de irse de la
compañía, Piñeyro había presentado un escrito en el cual
resaltaba que de mantenerse esas condiciones, se produciría
inevitablemente un accidente. Sólo meses después, un trágico
accidente en el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires le
costaría la vida a 67 personas.
El filme de
Piñeyro es un relato clásico, con algunos toques de realismo
semi-documental (sobre todo en las impactantes escenas
filmadas dentro de la cabina del avión), sin apartarse de la
ficción. A pesar de que
Whisky Romeo Zulu, es un
filme de denuncia, Piñeyro introduce elementos ficcionales
ajenos al núcleo central de la historia, como el reencuentro
con el amor de su infancia; como así también elementos
carácterísticos de otros género como el thriller o el
policial, en la descripción de las dificultades que debe
enfrentar el fiscal a cargo de la investigación. El relato
de ficción clásico
le permite al realizador, por un lado, determinar claramente
de qué lado se encuentran los buenos (el protagonista, el
fiscal) y de qué lado se encuentran los malos (la empresa,
la Fuerza Aérea); y otro lado, le aporta mayor verismo a la
historia, le otorga “apariencia de verdad” al “enmascarar lo
arbitrario del relato y la intervención constante de la
narración” (3).
Este novel
director parece conocer algunos aspectos fundamentales de la
narrativa cinematográfica clásica a los cuales recurre, pero
que asimismo le permiten exponer el estado de cosas en el
que se encuentra inmerso la sociedad argentina desde la
década infame del menemismo. La tragedia de LAPA es la
“natural” consecuencia de la política de los noventa:
corrupción, capitalismo salvaje, falta de control,
vaciamiento del Estado, impunidad, etc.
Asimismo, cabe
destacar otros elementos del filme que permiten reconocer a
Piñeyro como un realizador a seguir. Uno de los aspectos más
sorprendentes es el trabajo detallista sobre la banda de
sonido, aspecto poco desarrollado en el cine nativo (con
destacables excepciones como en el cine de Lucrecia Martel).
El propio director considera que el sonido “tiene una
repercusión infernal en el peso de la película”. En este
sentido, en algunas escenas que se desarrollan en interiores
se escucha el sonido de los aviones por sobre las
discusiones que se producen en la empresa. El mensaje es
claro, pase lo que pase, a pesar de los problemas que se
presenten y de la falta de seguridad, los aviones “deben”
seguir volando. Además, hay que destacar el trabajo de los
actores (especialmente Carlos Portaluppi, Alejandro Awada y
Martín Adjemián), y el de Ramiro Civita a cargo de la
fotografía.
Piñeyro
afirma que no quiso hacer un documental porque “es un pésimo
vehículo para transmitir emociones”, pero, sobre el final de
la película aparecen imágenes de la tragedia y de algunas
repercusiones generadas por el accidente. Estas imágenes se
vuelven tan contundentes como la parte ficcional y confirman
lo sostenido por el guión escrito por el propio realizador
sobre la inoperancia y la falta de respuestas de los
funcionarios de turno (Menem, De la Rúa, Alderete); la
frialdad y la indiferencia del director de la empresa; y los
disparates esgrimidos por integrantes de la Fuerza Aérea y
por un añejo periodista defensor de la libre empresa y de
los gobiernos de turno. En este punto (a pesar de ser el
final), la película se acerca a esa línea cada vez más
difusa entre ficción y documental (4), cuyas
barreras se extienden más allá de la duración del
largometraje, ya que el propio director sufrió un extraño
“asalto” en su productora, seguramente perpetrado por las
mismas figuras que el filme deja en evidencia.
www.minotaurodigital.net
Otro caso
similar en el cine argentino es el de Operación Masacre
(Jorge Cedrón, 1972), donde Julio Troxler, uno de los
sobrevivientes de los fusilamientos de José León Suarez se
interpretaba a sí mismo.
“Estética del
cine” – J. Aumont, A. Bergala, M. Marie, M. Vernet –
Ediciones Paidós
Más
precisamente al documental subjetivo o interactivo
(conforme la definición de Bill Nichols).
por Nicolás Quinteros
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Título:
Whisky Romeo Zulu
Director:
Enrique Piñeyro
Intérpretes:
Mercedes Morán, Alejandro Awada, Enrique Piñeyro, Adolfo
Yanelli, Carlos Portaluppi, Martín Slipak, Sergio Boris,
Luis Mancini
Producción
Ejecutiva: Verónica Cura
Guión:
Enrique Piñeyro
Director de
Fotografía: Ramiro Civita (ADF)
Montaje:
Jacopo Quadri
Director de
Sonido: Marcos de Aguirre
Vestuario:
Ruth Fischerman
Directora de
Arte: Cristina Nigro
Asistente de
Dirección: Federico D´Auria / Emiliano Torres
Duración:
105 minutos
Estreno en
Argentina: 21 de abril de 2005
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