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Como si un frezeer les hubiera detenido en una ultra estética sesentoide y sus mentes hubiesen previsto el pastiche de la posmodernidad, los B-52s dejaron fluir al extremo la concepción de un mundo según los Jetson`s (o Supersónicos como los conocimos por aquí). La arquitectura vanguardista de aquel estilo futurista que imaginaba, en las décadas meridionales del siglo, un universo abierto al espacio, geométrico, multicolor, eléctrico y dichoso. Así como el Valiant II parecía un automóvil del futuro con un cuidado diseño que hoy día se acerca más a la pantera rosa que al último modelo de auto, la música de los B-52`s tenía ese doble sentido. Por un lado la sensación de un pasado relevando sus características más extremas, por el otro: la sensación que puede producir bailar una melodía inocentemente psicodélica en los cráteres de la luna.
1979 es el año en que se profesionalizan de la mano de Chris Blackwell, productor que se juegó todas las fichas al bombardero y les puso a disposición el sello Island. Luego de The B-52s (1979) el sonido se asienta y se perfecciona en Wild Planet (1980). La polifonía sónica que trabajaban las voces femeninas y una fabulosa
inspiración compositiva hacen de los B-52s un grupo tan previsible como
alucinante. En 1982, con nada menos que David Byrne como productor, editan Mesopotamia
y un año después el que marcaría el final de una etapa: Whammy. La muerte de Ricky Wilson causada por el S.I.D.A es un shock que dejará a B-52s sin reacción. Recién en 1986 The B-52s rompe el luto y edita Bouncing Off The Satellites dedicado a la memoria de Ricky (que había participado de las primeras sesiones de esa grabación que tardaría tres años en ver la luz), recopilación de temas sobrantes de otros trabajos y material inédito. El cantante, Fred Schneider, sacaría un disco solista (muy B-52) bajo el nombre de Fred Scheineider & The High Society, y el resto de la banda encaró algunos trabajos esporádicos, colaboraciones, etc. (un ejemplo de esto son las colaboraciones de Kate Pierson en el tema Shiny Happy People de REM o encargándose de la voz femenina en el impecable Candy de Iggy Pop, su amigo de las épocas del CBGB), pero nada era lo mismo.
Por suerte, antes de que les llegara el ocaso, tuvimos la suerte de verlos en el estadio de Vélez. Cindy Wilson estuvo ausente aquella vez y su lugar, en parte de la gira, lo ocupó Julie Cruise (una excelente cantante que entre otras cosas puso la voz a la fabulosa banda de sonido de la serie Twin Peaks), The B-52s se asomó como un revival del mismo revival y, aunque el tiempo había pasado, aquella noche fue mucho más que una fiesta del recuerdo. En 1992 llegó Good Stuff y en 1996 la música para la película de The Flinstones (Los Picapiedras). Y (al final ?) una especie de autorrecopilación que no podría llevar un nombre más exacto: Songs a Future Generation (conteniendo dos temas inéditos: Hallucinate Pluto y Debbie). Un grupo sonriente que tuvo que soportar más de una situación triste. Un grupo cuyo mensaje era la energía desplegada en un baile hipnótico. Siempre fueron más que un conjunto de universitarios festivos, despreocupados y coloridos; fueron la vida color de rosa, la referencia de una subcultura demodé y una efervescencia vanguardista, una energía que entraba por los pies y estallaba en las cabezas, un bombardero con una coherencia tan rotunda que parecían aislados en tiempo y espacio del resto del mundo. Una fuerza que los llevó a imaginar un mundo a go go, luego a crearlo y, más tarde, a coronarse como únicos reyes de ese Idaho Privado donde una lluvia de Lava generó una auténtica Fiesta Fuera de los Límites. Está totalmente prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin la autorización de "el Parlante"
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