|
Salteando los pormenores que harían de esta nota una
reseña biográfica, remitámosnos sólo a un par de datos que sirvan para ubicar a sus
protagonistas. David Byrne llegó a América con su familia cuando contaba dos
años de edad. Procedentes de Escocia, previo paso por Canadá, los Byrne se afincaron en
las afueras de Baltimore (EE.UU.). Llegado el momento de elegir entre la Tecnológica de
Massachusetts o el RISD (Rhode Island School of Design) David se inclinó por la segunda
opción y esta sería significativa. Allí conocería a Tina Weymouth y a Chris
Frantz para desencadenar en la formación de un grupo que se llamaría Talking
Heads.
En los años 60 la gente quería exagerar algunos aspectos de su personalidad para
parecer más interesante. Pensé que era una bonita mierda y me fuí al extremo opuesto.
Me compré un traje y pantalones formales y me peiné de manera corriente. Cuando
conseguí entrar al RISD creí que tenía un bonito y original aspecto.
Explica Byrne en un reportaje.
Ya en el RISD se encuentra con una serie de fenómenos producto de una comunidad
artística en plena ebullición. Sin embargo, Byrne no trata de subir al barco que
representa esa época. Se pregunta el sentido de algunas cosas y se coloca en un lugar
extraño. Rodeado de bohemios de la high se plantea, quizás por su origen de
clase media, asuntos que otros no llegaron siquiera a esbozar entre charlas de
Canavis.
Entre sus estudios conjeturó, entre otras cosas, que: La escena del arte es
elitista y en realidad es una tontería ser artista si nadie conoce tu obra. Quizás
en pensamientos como este se halle parte de la clave de su carrera. Mientras muchos
corrían carreras por ser los más locos y originales, perdiéndose entre una multitud de
locos originales, Byrne sentía eléctricas arcadas que lo llevaban a mirar el mundo con
sus propios ojos y no con los de las corrientes de su generación.
Los gustos de David iban desde los Ventures a los cantos de los monos de Bali
complementándose con música electrónica y discos folk de la biblioteca local. Todas las
puertas de la percepción estaban y siguen abiertas para él, puertas que la mayoría de
las veces nosotros mismos cerramos respondiendo al imperativo de la moda.
La década del 70 da origen a una nueva estética, como ejemplo alcanza
David Bowie y su
alter-ego sobre la escena. Ziggy Stardust marcaba el cambio de los primeros años de la
década.
A todo esto Byrne forma un dúo con un amigo. Uno canta, toca el violín y el ukelele
mientras el otro ejecuta el acordeón. Bizandi, así se llamó el dúo, incluía entre su
repertorio temas de Sinatra; difícil de imaginar si uno no sabe de quien estamos
hablando. La anécdota cuenta que, tocando de teloneros, una vez alguien le arrojó un
vaso a Byrne el cual le pegó en la barbilla. La sangre le corría por el cuello de David,
pero siguió bailando al ritmo de la música y afeitándose como si la sangre fuese
espuma. El público supo que no estaba ante alguien normal y terminó
aplaudiendo de pie. No obstante, esta no es la historia típica y engañosa del tipo que
sube al escenario y de un día para el otro se convierte en estrella; pasó mucho tiempo
para que The Artistics, el embrión de los Talking, y luego los Talking Heads, tomaran
forma.
Después de la graduación todos tomaron distintos caminos, pero estos se volverían a
unir cuando por separado los chicos de la RISD llegaron a la Meca de aquellos años: New
York. Por entonces N.Y. ofrecía desde inauguraciones de galerías de arte hasta clubes
nocturnos de dudosa calaña. Los recién llegados no le decían no a nada y así, en plena
eclosión Punk y New Wave, se subieron al C.B.G.B.: un mítico antro por donde pasaba el
undergroud neoyorquino. Corría el año 76 y Talking Heads subía al mismo escenario de lo
alternativo con «una alternativa a lo alternativo»: guitarra acústica, un traje
anti-star, el pelo prolijo y un cantante que parecía epiléptico mientras entonaba
Asesino Psicótico. Sólo tenían en claro que Elton John, Alice
Cooper, Los Rolling Stones,
Lou Reed y
David Bowie ya existían, y que no les interesaba
competir con ellos.
A partir de aquí no vale la pena hacer un detallado y tedioso listado de como se fueron
dando las cosas en la carrera de los
Talking Heads, pero sí que cosas hicieron de ellos
una banda diferente.
Sin sentirse atrapado por un estilo único Byrne fue mutando, enriquecido con cada
mutación, y mostrando, con equilibrio justo, lo que otros no pudieron o no quisieron.
Cada disco: una historia distinta, llena de experiencias diversas y con sorprendentes
amagues a lo previsible.
Un traje cuatro talles más grande, una banda enorme y un
escenario que se iba armando a medida que el show se realizaba, nos mostraba a los Talking
en la máxima muestra de que se pueden hacer cosas que la mayoría de los que componen el
negocio de la música hubieran tildado de desubicadas. Un título sugerente Stop
Making Sense (Deja de Hacer las Cosas Bien) fue el nombre del disco y la película
que en 1985 dejarían a la banda mostrar todo su arsenal conceptual y material.
Estudios sobre ritmos africanos, temas muy alejados del canon de hit, letras que hablaban
de otras cosas y una imagen con sello particular hicieron de esta gente algo único en el
género: Talking Heads 77, su presentación; poco más tarde llegaría More
Songs About
Buildings and Food y una relación profesional con Brian Eno que se iría
remarcando luego
en Fear of Music llegando al límite en Remain in Light; después un doble en vivo con un
título más que elocuente: The Name of This Band is Talking Heads, y un punto de
inflexión que sería el pie para la grabación en vivo de Stop Making Sense: Speaking in
Tongues; luego el
archi-conocido Little Criatures, el variado True Histories y el
impecable Naked que cerraría, en 1988, la discografía oficial de los Talking
Heads.
Inquieto como el que más Byrne hizo siempre lo que quiso, mucho más cuando las cosas se
le hacían previsibles. Música para películas, obras de teatro, filmó documentales que
lo acercaron a Sudamérica y sus ritmos, estudió el lenguaje de los monos (la tapa de
Naked, como todo lo que expresa Byrne, no es casualidad), produjo y colaboró entre otros
proyectos con Mesopotamia de los
B52, etc.
David: un tipo inteligente, ávido de conocimientos y experiencias, no cesa en
contraatacar la mediocridad. Talking Heads dejó de funcionar quizás por la misma
personalidad de Byrne. Yo prefiero pensar, y creo no equivocarme, que fueron aquellas
mismas ganas de no parecerse a los Monsters of Rock las que llevaron a los Talking a no
seguir explotando una misma fórmula durante treinta años. Quienes gustamos de su arte
ganamos mucho con todo esto. Por un lado ya estábamos avisados con proyectos solistas de
Byrne y con el Tom Tom Club (Weymouth y Frantz) haciendo sus cosas en plena
época de los Talking. Por otro, lógico es que quienes jamás se casaron con la moda
tampoco se casaran entre si (no hablo de Chris y Tina quienes efectivamente contrajeron
enlace) dando lugar de este modo a que los proyectos cumplieran su ciclo; algo más que
sabido por los Talking.

La despedida fue True Histories, banda de una película de
Byrne que llevó el mismo nombre y que es una verdadera perla cinematográfica. Dos años
después llegó el último: Naked. Pero este fue una especie de disco solista disfrazado.
El último escalón que los viera juntos.
Hoy el matrimonio Frantz y Jerry Harrison están inmersos en The Heads, con vocalistas
invitados como Debbie Harry, Richard Hell y hasta el extinto Michael Hutchence, el disco
debut No Talking Just Head deja ver que ese afán productivo e innovador de los ex-alumnos
de la RISD sigue intacto.
Por su lado, Byrne es uno de esos tipos que cuando uno lee su biografía deduce por la
cantidad de proyectos realizados que debe tener unos 125 años, pero en realidad este mes
festeja sus 46. Fundó el sello Luaka Bop cuya característica sorprendente, como todo
proyecto Byrne, fue el de editar los éxitos clásicos del Brasil y de Cuba nada menos que
en EE.UU. (digo nada menos porque no es común que un Anglo Sajón encare un proyecto
semejante ¿Será que hay gente que piensa en la cultura y no sólo en el dinero?) La
misma inquietud que le valió un Oscar por la música de El Ultimo Emperador
de Bertollucci en el 87, lo llevó en el 89 a subir al escenario con 16
super-músicos para dar a luz Rei Momo, donde salsas, merengues y todo tipo de ritmos
americanos fueron revisados por su óptica. Luego llegaría Uh-Oh (como siempre otro
cambio, una especie de Rei Momo digerido y pasado a una banda convencional), después un
disco muy particular que lleva como título su nombre (David Byrne), y por último, hasta
hoy (mayo 1998): Feelings. Este lo trajo por tercera vez a la Argentina y fue la excusa
para escuchar en vivo reciclados temas de Talking, que se suponía jamás volveríamos a
escuchar, sumado a la novedad de un disco que parece decirnos como siempre: soy el mismo
de ayer, pero diferente. Lo mismo: la esencia. Lo diferente: el tiempo que pasó y que en
algunos significa enriquecer las experiencias, abrir más y más puertas, mostrar que tan
importante como crecer por afuera es crecer por adentro; porque mientras el crecimiento
externo sólo nos hace ocupar más lugar, el crecimiento interno nos da la llave a lugares
nuevos.
Está totalmente
prohibida la reproducción total o parcial de este artículo sin la
autorización de "el Parlante"
|