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Con un facilísmo que quizás
responda a un historicismo pedagógico, no son pocos los cronistas dedicados al
seguimiento de emergentes culturales los que califican a la corriente musical que responde
al nombre de After Punk, Post Punk, Dark, Gothic Rock, etc. como al resultado inmediato
del punk. Sin embargo el corte no es tan tajante. Muchas cosas
seguían, por debajo, uniendo aquella eclosión de fines de los 70 con la propuesta
más interesante de los 80.
A modo de introducción, trataré de explicar por qué el término Post Punk me parece el
más ajustado para calificar a un número (bastante reducido) de bandas que aparecieron en
Inglaterra allá por la década del ochenta.
Produciéndose una especie de implosión, la escena se volvió introvertida, oscura,
obtusa. Si las metáforas ayudan a clarificar la cuestión, digamos que el rabioso perro
punk, cansado de mostrar su espuma, se autoconfinó a una celda oscura y húmeda para
dedicarse un poco a lo que le pasaba por dentro. Apocalíptico, cadavérico, con pocos
síntomas de vitalidad, egoísta, lejos de abonar utopías, nada solidario y reivindicador
del existencialismo, el mismo perro que asustaba por su estrecha relación con un público
activo y protestante, ahora firmaba un contrato más frío, casi voyeurista, con un
público descreído, casi nihilista, una especie de desertores del ejercito punk. Si el
punk gritaba al mundo No se olvidaran de mí, soy la pesadilla que ustedes
crearon, el post punk le gritaba, a ese mismo mundo, Olvidense de mí, no los
necesito.
La lista de grupos que musicalizaron esta percepción del mundo podría ser demasiado
flexible y ella podría incluir, desde entonces hasta el presente, distintos nombres que
con diferentes tonos han de sumarse a cierta manera de fijar sus miradas en la sombra:
Siouxie and the Banshees, The Lords of The New Church, Nick
Cave, Bauhaus,
The Mission, Sisters of Mercy, The Jesus & Mary Chain y hasta el presente Marilyn
Mason. Por supuesto que en estos términos la lista podría ampliarse y acortarse según
el análisis; bien sería injusto dejar afuera, entre otros, por ejemplo, al Black
Celebration de Depeche Mode, y bien podría alguien advertir sin miedo a equivocarse que
en la dilatada carrera de muchos de estos artistas hubo cosas que no respondieron
estrictamente a los parámetros de lo sombrío, oscuro, existencialista, dark o como
quieran llamarle. Pero está de más anunciar que este escrito está lejos de un tratado
sobre el Post Punk. Simplemente intenta revisar las etapas fundamentales de uno de los
grupos más importantes en este sentido. Un grupo que, luego de la extensa introducción,
toma el absoluto protagonismo de estas líneas. Señoras y señores:
The
Cure

Nada de detalles biográficos, para eso hay libros
como el de Iñaki Zarata que bien cumple con esa función. Nos dedicaremos a analizar
básicamente la discografía de la banda en el periodo 79 - 86, ya que, en una opinión
muy personal, esos siete años condensan lo más importante del proceso
curativo.
¿Por qué Cure? Según
Robert
Smith (cantante y guitarrista del grupo) querían curar al
enfermizo mundo que simbolizaban los Rod Stewart, los Queen, etc. El intento fue claro,
luchar por conservar el autonomismo punk, pero con una visión más abierta en forma y
más introspectiva en concepto. Deformar el pop y llegar a extremos del rock no
rockero.
Con las complicaciones coloridas que figuran en toda biografía, la gestación de Cure
pasó por nombres como The Crawlwy Goat Band, The Obelisk y The Easy Cure, nombres que
sólo puede que le suenen a los fanáticos de la banda que se
encargaron de rastrear las
raíces de aquel muchacho criado en el seno de una familia de clase media en la ciudad de
Sussex (Inglaterra) entre los discos que su hermano mayor tenía del mítico Jimmy
Hendrix.
Dejando de lado las anécdotas vamos a la llegada de The Cure a las discográficas.
Enviados demos de Boys dont Cry y 10:15 Saturday Night a los sellos más
importantes, sólo contestó Phonogram. Allí se encargó de la producción Chris Parry
quien ya tenía en cartera a Siouxie and the Banshees y a The Jam. Así abandonaban el
pueblo para pasar a tocar con los ya conocidos Wire, Generation X (de Billy Idol) y los UK
Subs. 1979 era coronado con la actuación en el Marquee compartiendo escenario con
Joy
Division y el lanzamiento del primer LP: Three Imaginary Boys.
T. I. B. se presentaba como un disco de concepción variada. Partiendo desde la portada,
(de la cual Smith reniega aun hoy) con fondo rosa y tres electrodomésticos que
representaban al trío, hasta su contenido, el disco presentó los problemas de muchos primeros discos. Hay gente que alaba la diversidad y eso es
exactamente lo que no me gusta. Parecía un disco recopilatorio diría Smith
refiriéndose a su primer álbum. Igualmente hay que destacar que este disco contiene un
pop diferente, fresco, personal, desprovisto de virtuosismos y más que interesante. Fire
in Cairo, Boys dont Cry y el guiño intelectual de Killing an Arab inspirado en el
cuento de Camus El Extranjero son algunas de las cosas que ese disco nos
legara.
´80 - ´81 serían los años de Seventeen Seconds y
Faith. Para entonces era evidente la
influencia que los clásicos de la literatura inglesa del siglo XIX (Wilde,
Shelley, Dylan
Thomas, etc) tenían en la poesía del grupo. Para Seventeen Seconds habían logrado
alejar a Parry del estudio y del diseño de tapa. Algo inspirado en Nick
Drake, con
el sonido claro y acabado del Low de
Bowie fue el deseo de
Smith. Cabe remarcar la entrada de Simon Gallup en el bajo que, para esta época,
insuflaría una firmeza vertebral en las composiciones del grupo. The Final
Sound, 17
segundos, A Reflection, Secrets y el impecable A Forest dieron, entre otros, una
atmósfera particularmente sombría que formaría parte de una trilogía discográfica
memorable que cerraría su ciclo con Pornography.
Faith continuó la tradición Cure de editar sus LP para la primavera.
Anticomercial, desde su tapa hasta su contenido, Faith parecía arrastrarse por un fondo
oscuro en el que se sentían cómodos. De allí: Primary , A Funeral Party, Other Voices,
etc. Ese mismo año trabajarían también en el sonido del film minimalista de Ric Gallup:
Carnage Visor.
1982 cierra la trilogía, que fue del gris al más oscuro de los negros, con Pornography .
Polydor había intentado entrar al mercado yanqui con un doble llamado Happily Ever After
que contenía 17 segundos y Fe, sin embargo fue demasiado frío el recibimiento que la
gira Picture Tour tuvo en países como EE. UU. Australia, Francia y Canadá.
Pornograpy,
conteniendo temas como Siamese Twins, One Hundred Years y Cold, estuvo a punto de
convertirse en el último disco de los Cure. Violencia contenida, desgarramiento, acidez,
obsesión; Pornography era el fondo absoluto. Como si el contenido del disco se hubiese
desbordado, el presente se tornó caótico. Smith llegó a declarar Lo que venía
siendo una experiencia jovial, se ha tornado agresivo. O todos corrían a internarse
a un asilo para grupos con desequilibrios o The Cure estallaba. Y lo segundo ocurrió.
Robert Smith, Lol Tolhurst y Simon Gallup dividieron sus caminos después de un ensayo
turbulento en una sala de Bélgica. La tirantez entre la ideología y las
responsabilidades comerciales se tornó inmanejable; el resultado fue bastante previsible.
Parry estaba desesperado, ahora que The Cure había empezado a ser rentable, les agarraba
un ataque de individualismo existencial.
Después del asueto, el dúo de base volvió a encontrarse, Tolhurst cambió la batería
por los teclados y Smith estaba con nuevas inquietudes. La electrónica daba una mano importante y Japannese
Whispers se concretaba para tranquilidad de muchos. Costó mucho convencer a Robert de que
no cortara tan drásticamente con el pasado; inclusive quería firmar el primer single
Lets Go to Bed y Just one Kiss con el nombre de Ex Cure, Recure o algo así, pero el
esfuerzo de Parry valió la pena; el single fue un éxito y éste se completó con la
llegada del cineasta Tim Pope que, a través de sendos videos, se transformaría en el
conductor de la imagen del grupo, una imagen donde el humor bizarro y la fantasía
infantil iban a jugar un papel importante.
Antes de Japannese la confusión era grande, Smith intentó una experiencia con el Banshee
Severin que bautizó The Glove (sólo duro un LP Blue Sunshine) y llegó a
declarar: Los Cure entendidos como una idea, un instinto, han terminado
probablemente su vida útil. Hubiera sido una rareza grabar un éxito. A Forest estuvo a
punto de conseguirlo, si lo hubiéramos publicado unos años después, podríamos haber
sido unos Tears for Fears.
Acelerando el recorrido llegamos a 1984 con The
Top, después de la división de aguas que
produjera el Japannese, The Cure se acercaba a la cima creativa; catalogado por muchos
como disco de transición, basta con repasar nombres como The Caterpillar, Dressing
Up,
Shake Dog Shake o el mismo The Top para reconocer que el disco fue
mucho más que eso, fue
la vuelta de un Smith con todas las luces y todas las sombras de un modo
envidiable. De vuelta a tierra firme, un plácido aroma a obra de arte del comienzo al
final de cada surco.
El paso siguiente sería la grabación de Concert - The Cure Live que rescataba lo
realizado en la última gira. Idas, vueltas, experimentos como ese casete Live que reunía
«anomalies» desde el 77 al 84, el alejamiento definitivo de Smith de la banda de Siouxie
durante la grabación de Hyaena, gente que llegó, gente que se fue y, después de todo
eso, La cabeza en la Puerta.
The Head on The Door: la manera más exquisita de hacer efectivo un pop
renovado, original, inteligente y a la vez fiel a la sensibilidad de ese mundo
introvertido. La cima estética, la cima sónica: In Between Days, Six Differents Ways,
Close to Me (que llevó a The Cure a ser conocido en todos los rincones del planeta), The
Blood, etc, etc, todas maravillas diferentes que se apoyaban sobre un mismo telón de
fondo. Todos los detalles de un disco piramidal, básico, histórico. El diamante
alcanzaba su máximo esplendor gracias el arte del tallado de Smith, Tolhurst, Gallup (que
volvía después del distanciamiento), Williams y Thompson.
El resto de la historia, de la que sería injusto decir que nada valió la pena, continúa
aun hoy, pero la esencia de estas páginas fue, básicamente, rescatar lo que rescatara en
forma de disco, en 1986, Standing on a Beach (compilación de algunos de los temas del
grupo en el periodo 79 - 85).
The Cure hizo un giro histórico de guitarras con flanger, hizo que muchas cabezas se
abríeran al medio buscando la belleza de las sombras, hizo que un soplo desganado de
oxígeno revitalizara las venas de un panorama endurecido por el falso brillo, hizo su
audiencia más de lo que se le puede pedir a un producto cultural; hizo posible la
renovación de una percepción esperanzada en la existencia de otras sensibilidades
posibles. Jugando con los grises nos puso la cabeza en la puerta de un panorama lleno de
colores indefinidos creando paisajes de desbordante belleza.

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