El Número 17 - novela policial

 

capítulo 16

El inspector estuvo dando vueltas por la ciudad como un perro abandonado por su amo. El rostro frío de Estrella había quedado en su memoria como esas marcas que llevan las reces antes de entrar al matadero. Después de varias horas decidió parar en un bar más identificado con la ruta que lleva a la gente fuera de la urbe que con las noches agitadas del centro de una gran capital. El asesino nunca se había acercado tanto a él: su mujer ya era una más de la lista. La número catorce.

Grubach no tenía la mente equilibrada como para pensar en algo que conservara cierta coherencia. Si hasta entonces está historia, quizás una más del universo criminal, había tomado características de duelo personal entre el perseguidor y el perseguido: ahora se transformaba sin duda en una cuestión donde ya casi nada importaba, al menos para el inspector, mas que estar frente al verdugo de la ciudad.

El hombre, bebió un último trago y recordó, con la exactitud de un telegrama, la conversación que alguna vez había mantenido con el Doctor Heinssbraun. La posibilidad de un caso de doble personalidad seguía sin convencer al policía. Grubach ni siquiera había comprendido la cuestión hasta que el doctor, dejando de lado algunos términos propios de la especialidad, le relató una sintética versión de una novela de Robert Louis Stevenson. La idea de que para dar con Hyde debía que previamente encontrar a Jekyll, no le pareció razonable al inspector. La fuerza del oficio lo había acostumbrado a dar de otra manera con quienes burlaban las leyes.

Pasó más de una semana y Grubach se había transformado en lo más parecido a un fantasma. Sus compañeros casi ni le dirigían la palabra, el jefe no se atrevió a hablarle más del caso (ni siquiera a proponerle unas vacaciones o a relevarlo, pues sabía la respuesta que encontraría). Prácticamente el inspector no pertenecía más a la fuerza, su imagen era patética, parecía al margen de todo, hasta de las cosas simples e indispensables de la vida como comer, asearse o entablar un breve dialogo con alguien. No se quitó nunca más ese piloto gris que llevaba desde la noche que encontraron a Estrella, y tampoco desde entonces se lo vio realizar otra tarea mas que la de leer y releer las notas del asesino o mirar las fotos y el papelerío que había acumulado la causa desde que apareció la primera victima.

En uno de esos mediodías aparentemente tranquilos informaron a la policía la aparición del cuerpo de un niño en el desarmadero de la Avenida Costera y la 29. El chico se ganaba la vida de lustrabotas y mantenía a sus padres: una mujer alcohólica y depresiva que pasaba todo el día en su cama, y un hombre que había perdido las piernas a causa de una enfermedad terrible. El cuerpito del muchacho tenía un sobre clavado en el pecho cuando lo encontraron sentado al volante de un convertible listo para entrar a la máquina compactadora.

El sobre llegó a las manos de Grubach que no quiso ir a ver que había pasado con la decimoquinta victima. Abrió el sobre en su escritorio y dijo sin leerlo: - "Que más da, ya no van a sufrir, gracias a mí: encontraron la luz".

Lanzó un grito maldiciendo al asesino y volvió a su aparente autismo.

El jefe le preguntó: - ¿Estás bien?
- Sí. Se que no pasará mucho tiempo hasta que lo pueda tener enfrente.

Las dos semanas siguientes no se habló de otra cosa: el encargado del desarmadero, el antiguo dueño del convertible, gente que se había lustrado los zapatos alguna vez: todos hablaban en los diarios, las revistas y las cámaras de la ciudad.

Mientras todos esperaban la aparición de la victima número 16, una nota extraña apareció en el escritorio de Grubach: "Hoy a las 23:30 en el Teatro Adiv & Etreum Palace, última función".

Nada, al parecer, ligaba a este especie de volante con la causa. Sin embargo al inspector le pareció extraño que le llegara una invitación para el Palace (como era conocido en la ciudad) siendo que el viejo edificio estaba abandonado desde hacía más de un año: cuando el dueño no pudo soportar el vació de sus butacas y decidió abrir un cine más cerca del centro.

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EL NÚMERO 17 - por D. RIPER -

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