El Número 17 - novela policial

 

capítulo 3

El timbre del teléfono sonó un par de veces y Grubach, con evidente desgano, levantó la bocina.

- Sí...

Del otro lado la voz distorsionada del Jefe modificaba la expresión somnolienta del inspector.

- Está bien, salgo para allá.

Grubach colgó y se puso rápidamente la camisa, el saco y tomó el arma. Caminó para salir de la habitación al tiempo que saludó con un "vuelvo enseguida" a Estrella que seguía protestando desde el baño. Agarró como un halcón en vuelo las llaves del auto y se deslizó escaleras abajo hacia la calle. "Odio las noches como esta" se repetía mientras trataba de sintonizar una radio donde pasaran un tema que fuera de su agrado. Llegó al lugar con un humor de perros y una canción de Gene Vicent sonando en el viejo Chevrolet.

El paisaje estaba fresco: la calle era un desierto, húmedo el pavimento, la luz de un farol, los oscuros y viejos edificios del barrio que alguna vez perteneció a la zona industrial y un cuerpo tendido en la puerta de una fábrica de resortes abandonada hace más de diez años.

Todavía no había llegado nadie, sólo los muchachos del móvil que se habían encontrado con la sorpresa en la recorrida nocturna.

-¿Qué tenemos aquí?
-¿Qué tal Inspector?
- Bien, chicos, paseando un poco- Respondió Grubach irónicamente.
Los policías señalaron el cuerpo y le pasaron un informe breve.
- Cuando informamos del hecho, el Jefe dijo que no hagamos nada hasta que no llegue usted o López.
- Está bien.

El cuerpo era el de una mujer de contextura física mediana, ropa llamativa, pelo teñido de un rojo intenso y mucho maquillaje. Sólo la marca de un puntazo en la zona del pecho. Junto al cadáver, una inscripción: Pax. Escrita con pintura roja.

- Prostituta, de unos cuarenta años, sin identificación, ni rastros de haber tenido tiempo de resistirse.
- Número cuatro, Grubach, esto ya es un caso de los que te gustan- Se oyó la voz de López bajando de su automóvil.
- Sí, cuatro: un vagabundo, un ciego, un aprendiz de mafioso y una prostituta. Me encanta.
-Quizás el hombre está buscando su target- Soltó López mientras apoyaba la mano en el hombro de Grubach que, en cuclillas, observaba la obra del desconocido asesino.
- Ya está, chicos. Esperen a que llegue el fotógrafo y los de la morgue.

Grubach observó a López y le dijo: - Esto va para largo, vamos por un café a la seccional a ver que nos depara el destino.

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EL NÚMERO 17 - por D. RIPER

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