El Número 17 - novela policial

 

capítulo 7

El inspector aceleraba el Chevrolet '71 como si eso le ayudara a aclarar sus pensamientos. La ciudad jamás había tenido un caso como éste. Reviso mentalmente casi cien años de historia policial local: la guerra entre dos familias mafiosas allá por el '40, el matricidio de Garrison, el caso de las dos prostitutas ahorcadas por su proxeneta, el robo al banco central a mediados de la década del '60, el diller que apareció flotando cerca de los muelles del oeste ...

Grubach fue y vino con su pensamiento a través de los casos más resonantes y verificó que por primera vez, la ciudad, estaba frente a un asesino serial. Asesinatos en serie- pensó -el único vicio criminal que hasta el momento diferenciaba a las grandes urbes de aquella pequeña ciudad portuaria.

El inspector volvió al lugar donde había aparecido la última víctima. Habló con algunos conocidos de la mujer que había encontrado su final en aquel paraje. Ella llevaba una vida triste y sombría, trabajaba desde el amanecer hasta la noche, tenía tres hijos que quedaban al cuidado de su hermana, su padre estaba enfermo y lo que ella ganaba apenas alcanzaba para los remedios, su marido la había abandonado cuando el más pequeño de los niños tenía tres meses; la lista de datos que la volvía inmune a cualquier envidia se extendían casi hasta el infinito.

Grubach tomó el camino hacia la seccional. Cinco muertos: el vagabundo, aquel ciego, ese mafioso de poca monta, la prostituta de la esquina del hotel Continental y ahora, esta mujer, una obrera cuyo rasgo más llamativo a lo largo de toda su vida fue la forma en que fue asesinada. Los cinco, daban vueltas en la cabeza del inspector: ¡sí tuviera una punta para empezar a investigar!- pensó, tratando de combinar una lógica que relacione los asesinatos.

Llegó a la seccional, el ambiente estaba cargado, caras largas, el jefe no salió del despacho, López tomaba café de la máquina, en oficial de guardia trataba de conformar a los pocos periodistas que se habían enterado del caso casi al mismo tiempo que la policía. Grubach se sentó sobre el borde de su escritorio y encendió un cigarrillo. Esperaba la voz de trueno del jefe llamándolo para que le diera el informe cuando sobre el escritorio vio un sobre a su nombre.

-¿Quién trajo esto?- preguntó Grubach sin mirar a nadie.

López, que era el único que estaba cerca, se limitó a levantar los hombros y a seguir sorbiendo del vasito plástico.

Grubach abrió el sobre y leyó. Parecía interesado, López lo miraba como tratando de ver si su rostro reflejaba el contenido de la carta.

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EL NÚMERO 17 - por D. RIPER -

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