El Número 17 - novela policial

 

capítulo 8

"La luz esta en mí, sólo quiero liberar a alguna pobre gente de la vida desdichada que lleva. No deben verme como a un maniático. Soy el que salvará a este pueblo del sufrimiento. Soy el que, lleno de piedad, me apeno de los destinos tortuosos y glorifico esas almas liberándolas de sus cuerpos"

Cuando Grubach terminó de leer mostró a López el papel y apagó el cigarrillo en el vaso de café que este estaba tomando.

- ¿Y esto?- preguntó López después de leer las letras aparentemente escritas con sangre y plumín.
- Alguien tiene que haber visto quién lo trajo- sentenció Grubach.

La voz del jefe tronó llamando a los dos inspectores a presentarse de inmediato. Grubach tomó el papel, López se saltó como un resorte y ambos se dirigieron a la oficina.

- ¿Qué tienen?- dijo el jefe entre los "rings" del teléfono que no paraba de sonar.
- Esos son los periodistas y tengo que decirles algo- replicó molesto señalando los teléfonos con displicencia.
- Tenemos esto- dijo López señalando el papel que Grubach tenía en la mano.

El jefe lo leyó, e hizo la pregunta qué era de esperar: -¿De donde lo sacaron?

- Apareció sobre mi escritorio- dijo Grubach casi con inocencia indigna.
- Las cosas no aparecen- reventó la voz del jefe como una bomba de estruendo -Alguien mató a esa gente, alguien escribió esto y alguien lo puso en tu escritorio. Ahora no quiero verles las caras hasta que no tengan respuestas que se acerquen a las que espero de dos policías y no de dos niños ignorantes.
- Si señor- respondió López que nunca supo mantenerse callado.

Grubach corrió hacia el oficial de guardia y le preguntó si alguien había pasado a su escritorio.

- Sí, yo deje un sobre- respondió el oficial. Al ver los ojos de Grubach, agregó: -Lo trajo un chico y dijo que era para el Inspector de piloto café y poco cabello, así que supuse que hablaba de ti- el oficial sonrió irónico y dejo de hacerlo al instante cuando vio que la expresión de Grubach no variaba.
- ¿Y?
- No sé. Dejó el sobre y salió corriendo como si el diablo lo llevara bajo el brazo. Después tomé el sobre y lo dejé sobre tu escritorio ¿Por qué?
- No importa- respondió Grubach al tiempo que colocaba el papel en el bolsillo de su "piloto café" bastante roído por el uso.
- ¿Dónde vas?- gritó López mientras tomaba el saco que había dejado sobre el respaldo de su silla.

Grubach no contesto y bajó corriendo las escaleras del edificio policial. Subió a su auto y dejó una línea de caucho negro sobre el pavimento.

Las ruedas del Chevrolet comían metros de la Avenida principal, sobre el volante, el inspector extendía el papel y alternaba su análisis con la atención en el camino. Frenó en la puerta de la Iglesia San Jorge y bajó del auto con el papel en la mano. Subió las escaleras del templo con la misma velocidad con que había bajado las del edificio de la seccional.

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EL NÚMERO 17 - por D. RIPER -

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