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LA FIESTA Y LA ALEGRÍA

Política Internacional - Por El Pirata

Noticias Internacionales

Vamos a defender la sonrisa

El Pirata @PirataEcdqemsd | 11 de Julio de 2022 | ECDQEMSD Podcast

Escuchar este editorial en el podcast

Bienvenidos a las noticias del mundo y a la defensa de nuestro derecho a la alegría. No son pocas las veces en que no encontramos ninguna razón para sonreír.

Ninguna razón para celebrar. Ninguna razón para expresar nuestra alegría.

Es que hay días difíciles y hay días más difíciles que esos que son difíciles.

Hay momentos de angustia, momentos de náusea, vértigo y de esa horrible sensación de que nada, absolutamente nada, está en tus manos.

Igual que esos laberintos simpáticamente crueles donde para encontrar un trabajo debes tener un trabajo. Donde para estudiar debes pagar y para poder pagar debes estudiar. Donde la espera en un servicio de salud es insalubre o donde la inseguridad arremete contra los que no tienen para pagar seguridad.

Ves las noticias y nada te empuja a sonreír. La economía, la violencia, la guerra, la migración, la tristeza, el tiempo que pasa, los sueños que se congelan, los placeres que se derriten y otro día en el infierno al que ya nos acostumbramos porque siempre puede haber un sótano más húmedo, más hediondo o más caótico.

La fiesta de los políticos y los poderosos nunca es la nuestra. Izquierda, derecha, centro, arriba, abajo y de pronto se miran entre sí. Sienten vergüenza de estar brindando entre muerte, destrucción, contaminación y falta de oportunidades para sus pueblos. Pero rápido se les pasa y suenan los gritos enfervorizados de los que lograron sortear los controles de acceso a la fiesta de palacio.

Nosotros siempre supimos que no podíamos esperar invitación. Que si queríamos hacer fiesta la debíamos inventar. Que la alegría es un bien tan preciado que hay que defenderlo sin claudicar y que la sonrisa debe ser lo último que uno debe negociar.

Tantas veces nos preguntamos quién pagará la fiesta? Y hasta llegamos a preguntarnos si las fiestas en realidad se pagan?

Bueno, pagar siempre se pagan. De eso no hay duda.

Las fiestas del poder, las fiestas de la política a espaldas del pueblo, la fiesta de las élites y los premiados por la herencia de la herencia: se pagan.

Lo que clásicamente ocurre es que nunca la pagan los que las gozan.

Nosotros, como el desfile de empleados que deben mostrarse invisibles en las fiestas para que nada les falte a los festejantes, sabemos que mañana será un día difícil, que después de la fiesta todo se hace complicado. Que habrá que levantar mucha basura, que habrá que ordenar el desastre y limpiar más de una alfombra embarrada de quién sabe qué sustancia.

El poder nunca paga las fiestas. Por eso el poderoso nunca quiere perder el poder. La pérdida del poder significa pérdida de impunidad, y hay viene el mal chiste de tener que explicar de dónde viene esa fortuna, de dónde salieron esas cuentas, de quiénes son sus amigos, de por qué de pronto tanta riqueza.

Pero ni así la fiesta se paga completa. Quién sabe cuánta personalidad célebre de la alta sociedad no es producto de la fiesta del abuelo, de la fiesta de los padres. Quizá hasta una fiesta que se pagó con un par de años de cárcel, una bala de plata o una migración obligada a algún paraíso terrenal. En qué fiesta no estará el hijo de aquel político corrupto que ya nadie recuerda, la hija de aquel militar asesino que hizo una fortuna traficando cocaína. El sobrino del ex gobernador que vació las cajas del estado. El nieto del dictador africano que aniquiló a más de una generación y la ex amante del diputado que cayó preso por trata de personas. Todos invitados, conviviendo es armónica danza.

Ellos no tienen la responsabilidad, la culpa ni la mancha. Pero la fiesta continúa y casi nunca la pagan los que la gozan.

Las noticias te van a atar los pies. Te van a desanimar. Vas a pensar que es todo lo mismo y que no vale la pena luchar. Que sí existe el reencarnar la onda será darse cuenta de chiquito que el dinero limpio nunca alcanza, que hay que ser corrupto, mafioso, malandro, inescrupuloso, criminal y demagogo para alcanzar la fiesta y poder gozar.

Y a lo mejor tienes un poco de razón, después de todo la historia no nos muestra lo contrario, seguramente eres de los que vienen pagando fiestas desde que naciste. Pagando fiestas como pagaron tus padres, tus abuelos y los nacidos para pagar.

Imaginamos que cuando ocurre algún cambio de mano en la política o a las cúpulas del poder se les corta la fiesta hay como aires de justicia en el vecindario.

Al fin les cortaron la fiesta a esos.

Y cuando eso nos da un aire de justicia otra fiesta vuelve a empezar. Y nunca es tuya, nunca te dejan entrar.

Pero no te desanimes. Tu fiesta pasa por otro lado. Tu sonrisa es la fuerza que garantiza la supervivencia de tu entorno, de los que te aman y de los que amas.

Nada es fácil para ti. Nada es gratis para ti. No te van a pagar ninguna fiesta y seguramente termines pagando la fiesta ajena, la fiesta de los que se enriquecen con la ruina de un país, de los que nunca pierden con inflación, sin inflación, con corrupción, negociación, migración, depreciación, apreciación, en tiempos de paz, con estabilidad, inestabilidad, y hasta con guerras.

La fiesta nunca termina. Hay resacas, crudas intensas, alguna copa derramada y sustancias sobre la mesa de cristal.

Los países no son empresas, no se funden ni se quiebran. No cierran las persianas ni se mudan a otro lugar. Las naciones no se hunden ni desaparecen del barrio. Las fiestas se pagan, y alguien las tiene que pagar.

Afortunadamente nosotros sabemos que debemos abrazarnos y reír en el camino, que la reunión en la cocina puede ser más divertida que la misma fiesta en el salón principal y que desde el momento en que el poder comienza a organizar la fiesta sabemos quienes la pagarán.

Los que pagan la comodidad europea, las leyes estadounidenses, la aventura venezolana, la trova de la isla, la violencia mexicana, la guerra en Ucrania, la inestabilidad peruana con estados de emergencia, la queja ecuatoriana, la esperanza colombiana, la pelea argentina, la fragilidad centroamericana, la incertidumbre caribeña, la rigidez represiva de China, la soberbia rusa, la economía japonesa, la fantasía coreana y la solvencia de los árabes petroleros.

La lista de noticias, en este contexto, son apenas una anécdota.

Asesinaron al ex primer ministro de Japón Shinzo Abe en un mitin; renunció Boris Johnson; Turquía libera el barco ruso que se había robado de Ucrania; Argentina conmemoraba su independencia dependiendo de las conversaciones de Cristina de Kirchner con Alberto Fernández, el canciller ruso Lavrov no soportó las criticas y abandonaba la cumbre del G20, Elon Musk ya no va a comprar Twitter, se iba la panda Shuan Shuan del zoo de Chapultepec al cielo de los pandas; giraba el circuito de Austria; Wimbledon cierra la puerta; Petro va dando forma a su gabinete; la fiscalía investiga la fortuna del ex presidente Peña Nieto. Rusia dice que ya domina el Donbás y Ucrania presenta su plan de reconstrucción mientras sigue siendo destruida.

A veces la fiesta es sinónimo de alegría. A veces la fiesta y la alegría son cosas diferentes. Sería soñado que algún día las fiestas esas que nos minan el ánimo las pagaran quienes las gozan, pero mientras eso ocurre sabemos que debemos defender nuestra sonrisa. Que aunque la fiesta se la hayan robado hace tiempo, la alegría no debe ser algo negociable.

En el tiempo que nos toca, hagamos lo mejor para nosotros y para los que amamos. En el tiempo que nos toca obliguémonos a sonreír sin perder la sed de justicia, de equidad, de búsqueda de verdad y de orgullo. Sonrisas, alegría y fiesta para los que frustrados, de rodillas, desanimados, agotados, sacan fuerza de quién sabe dónde y sonríen sabiendo que hay que seguir adelante.

Por qué hay que seguir adelante? ¿Qué hay más adelante?

No será la respuesta la que nos motive. Será la firme convicción de que la sonrisa no se negocia porque es lo que vale la pena de este viaje.

Damas y caballeros, nuestras fiestas las pagamos nosotros! Y si hoy nos duele todo, que sea de tanto bailar y no de tanto pagar fiestas ajenas.

Sean ustedes muy bienvenidos: al kaos total!!!!!

Bienvenidos Al Caos TotalEl PirataComentario EditorialECDQEMSD

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