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LO QUE LA PANDEMIA SE LLEVÓ

Política Internacional - Por El Pirata

Noticias Internacionales

Lo roto, lo perdido y lo aprendido

El Pirata @PirataEcdqemsd | 14 de Marzo de 2022 | ECDQEMSD Podcast

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Bienvenidos a las noticias internacionales y a lo que la pandemia se llevó! Sí, hablo como si hubiera pasado o al menos quedado un poco rezagada.

No es que sea científica, médica o epidemiológicamente correcto realizar esta afirmación, pero pareciera que ya estamos en condiciones de pensar en lo que la pandemia se llevó.

Así como un día irrumpió y gradualmente se adueñó del mundo, así como nos dijeron los expertos que un día, muy gradualmente, ya iba a formar parte de nuestro calendario sin llamar más la atención que otras enfermedades.

Un día la pandemia iba a finalizar. Iba a terminar. Se iba a transformar en otra cosa. No iba a ocupar toda nuestra existencia como lo hizo por dos años. Ese tiempo parece haber llegado. Parece ser ahora mismo

No sabemos si esto es resultado de que alguien lo decretó, si es una convención social, si fue la vacunación completa, la baja considerable de transmisión y contagios, la caída de cifras de muertes diarias, el color del semáforo, la necesidad de ponerle un inicio a la "nueva normalidad" que ni tan nueva ni tan normal o la decisión de Putin de avanzar sobre Ucrania. O todo eso junto.

Ya parecen haber quedado atrás, muy atrás, aunque ni tan atrás, las protestas por las restricciones, las suspensiones de actividades, los encuentros por teleconferencia o las noticias minuto a minuto de la evolución de la curva de contagio.

Ahora, el minuto a minuto es el movimiento de las tropas rusas o las nuevas sanciones que occidente pueda sacar de la manga para limitar a Putin limitando en un mismo acto a toda Rusia con su población y sus expectativas.

Vamos, es tiempo. Muchos hemos fantaseado con que el mundo ya no sería el mismo, con que quizás aprenderíamos cosas, nuevos modos de relacionarnos, más eficaces, nuevos sistemas de inclusión y redes de contención. Una humanidad más humana que aprendió de la experiencia. Que se espantó y tomó nota. Que meditó y valoró. Que el día en que pudiéramos decir: la pandemia fue una anécdota muy dolorosa, tendríamos mucho que decir y qué cambiar.

La realidad es que no tanto. La realidad es que si hoy fuera el momento, porque algún momento debe haber en que digamos "vamos a salir de las cuevas", sería bastante poco lo que la pandemia nos enseñó. O al menos lo que como humanidad estuvimos dispuestos a aprender de esa traumática experiencia.

En el momento de susto a cualquier santo le rezamos, pero luego luego la soberbia vuelve a primar.

¿Cuándo corresponderá aplicar el tiempo del balance? ¿Será prematuro? ¿Cómo escupir al cielo?

Pero si una nueva cepa nos puede poner en jaque nuevamente. Pero si descuidarnos nos puede aventar de cabeza otra vez. Cómo sea, el mundo parece haber decretado, de un modo u otro, un final, lento y pausado, o determinante y tajante, de la pandemia.

¿Y qué nos dejó la pandemia?

De todo. Aunque no lo parezca y solo puedan dar fe de ello quienes perdieron a alguien o alguines cercanos.

La pandemia nos dejó de todo, pero fue más aún lo que la pandemia se llevó.

Se llevó nuestra seguridad, nuestra convicción de humanidad invulnerable, se llevó seres queridos, cocidos, certezas, algunos cuerpos saludables y algunas convicciones irrefutables. Se llevó nuestra creencia de que nada puede cercar nuestra libertad. Se llevó nuestra seguridad de que no hay espacio para dictadores ni espacio para nueva reglas restrictivas.

La pandemia se llevó abrazos, se llevó besos, conversaciones cara a cara, se llevó cuerpos y caricias. También se llevó corduras, sensateces; nos puso a hacer filas, a limitarnos, a corrompernos, a viajar miles de millas aéreas por otra dosis, a declararnos fans de tal o cual farmacéutica o a considerarnos sabios de la vanguardia anti vacuna por algún video de YouTube o mensaje masivo de WhatsApp recibido. Tan masivo ese contagio conspiranóico como lo fue el propio virus que enfermó y mató.

Y de todo eso, de toda esa locura de astronautas andando por ciudades desiertas, de quédate en tu casa cuando no tenias ni casa ni nada para comer, de "tenemos las opiniones de los expertos más expertos de la experiencia"; de todo eso, no quedó prácticamente nada aprendido.

Tal vez, por un tiempo, nos lavemos mejor las manos. Valoremos un poco más los sistemas de salud. Ventilemos más eficazmente los ambientes

Lo que la pandemia se llevó.

Se llevó los aplausos a profesionales de la salud y se llevó a muchos de esa llamada primera línea. Se llevó fiestas de cumpleaños. Visitas a los viejos. Encuentros y convivencias. Se cargó matrimonios, parejas, relaciones y oportunidades. Se llevó progreso, economía, sueños y desvelos. En un momento no supimos de qué culpar a la pandemia y de qué a nosotros mismos. Nos comportamos muchas veces como niños, como adolescentes y como extraterrestres. Y claro que llegamos a pensar: ¿y si nada nunca jamás vuelve a ser igual?

Y ahora parece ridículo. Pero sí que lo pensamos.

Fueron dos años, digo fueron porque son los dos años que pasaron sin restarle continuidad a esta realidad en que imaginamos mil posibilidades. El fin de los tiempos, el apocalipsis zombi, la oportunidad a la naturaleza con una victoria ecológica obligada, la sustentabilidad del planeta, el volver a las fuentes, la paz mundial, la armonía de una humanidad en sintonía, la justicia social, le creatividad en los sistemas educativos globales, el rompimiento de las sociedades dañinas, lo innecesario de muchas costumbres, las interacciones mediatizadas, la insolvencia de lo trivial en el mundo, la valorización de lo trascendente y lo gozoso.

Pero no. Regresamos con bombas, guerra, y muerte. Con violencia, drogas y armas. Con catástrofes voluntarias, desprecio y un sinfín de ridiculeces fuera de contexto.

Lo que la pandemia se llevó es mucho. En algunos casos todo, en otros apenas una chispa de latido, una pequeña marca en el espíritu, tiempo.

Lo que sí está claro es que de ser un curso de enseñanza para la humanidad: el precio fue demasiado alto para lo poco que aprendimos. No es que uno exija una recursada, absolutamente no.

La pandemia dejó a gobiernos y políticos tratando de sacar provecho, a empresas buscando aún más el rédito económico, a personas demostrando abiertamente lo poco que valoran al prójimo, a humanos creyéndose más importantes que la misma humanidad. Lo que la pandemia se llevó no terminará nunca de llevárselo. Porque si bien pasaron dos años y algún día era lógico que empezaríamos a hablar de otra cosa o no hablaríamos más de nada, ya no somos los mismos.

Porque la pandemia a algunos nos quitó mucho a otros nada, a algunos nos dejó nada y a otros nos dejó mucho.

Una crisis global que nos dejó nuevas cuentas de consumo de series, descargas de programas de teleconferencia, nuevos contactos remotos, vista de películas, series, documentales que jamás hubiéramos mirado y nuevas ceremonias para dormirnos, despertarnos, visitarnos, considerarnos y calmarnos.

Nuevas ceremonias que pasaron por mil instancias. Dejar la ropa que usamos fuera, alcoholizar todo lo tocado, lavar todo lo que viniera del mundo exterior, tomarnos la temperatura en cada ingreso a un espacio público, hisoparnos, vacunarnos, sospechar de cada reacción como si fuera un síntoma, imaginamos cualquier superficie como el espacio aterrador donde reposaba el invisible exterminador de la raza humana.

Y en este tiempo que parece haberse marcado como un buen tiempo para meditar sobre los dos años de pandemia de los que venimos para volver a espantarnos con la guerra, la migración, los desplazados, las bombas, las crisis, la economía y la rutina de desgracias y alegrías cotidianas: las noticias marcaban un nuevo ritmo en la actualidad.

Asumió Boric la presidencia de Chile. México envió una carta al parlamento europeo diciendo "no se metan en nuestros asuntos". Los oligarcas rusos buscan blindar sus fortunas. El Real Madrid le ganó al PSG. Ucrania pide zona de exclusión aérea a la Unión Europea. Venezuela dialoga con Estados Unidos y con Rusia. China pide cautela. Un hospital y una mezquita bombardeada en Mariupol. Cristiano Ronaldo se convertía en el máximo goleador de la historia del fútbol. Hay bombardeos en zonas civiles. Crece la cifra de muertos. Aburrió el clásico Chivas América. Funcionarios exigen a Putin que la operación sea tan rápida como prometió. Ataque con cuchillo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. La economía rusa se resiente. Misiles iraníes contra el consulado estadounidense del Kirguistán. Abren corredores humanitarios. Los desplazados refugiados superan los dos millones y medio en Ucrania. Otro canadiense asesinado en Playa del Carmen. Zelenski sigue alentando la resistencia. La izquierda marchó en Argentina contra el acuerdo con el FMI. Putin quiere poner fin a la Operación Z y tomar Kiev de una vez. Cancelan la serie de Vicente Fernández. Cárteles libraban su guerra en la frontera de Jalisco y Michoacán. Colombia votaba legislativas de cara a las presidenciales.

Y así, entre las noticias de un mundo sensible e hiperactivo donde lo roto y lo perdido es parte de lo que la pandemia se llevó y aquello que la actualidad nos va dejando a cada paso, nosotros les damos la bienvenida al kaos total!!!!!

Bienvenidos Al Caos TotalEl PirataComentario EditorialECDQEMSD

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Tags del Artículo

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