El Pirata @PirataEcdqemsd | 02 de Octubre de 2026 | ECDQEMSD Podcast
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Bienvenidos a las noticias del mundo y a las aulas en llamas.
Los regueros de pólvora arrancan y es difícil detenerlos. Como las voces nunca escuchadas cuando comienzan a gritar.
Van creciendo. Los chicos están en el aula. Se van enojando.
La periferia y su precariedad. La vida moderna pide más horas. No porque la educación busque excelencia, es solo que como sociedad tenemos una disyuntiva.
Los adultos serán explotados en horarios laborales inflexibles. Los hijos y los hijos de sus hijos deben estar en algún lado.
Opciones sobre la mesa: a la escuela de ocho de la mañana a seis de la tarde, a la calle o solos en la casa, a esperar pacientemente a que cometan un error y a la cárcel.
Los liceos de la periferia de París levantan el puño. El gobierno, como siempre, dice que son apenas unos pocos. Unos cuantos adolescentes sintiéndose en su momento. Enfrente, la policía con escudos, cascos, uniformes, gases y carros. Algunos padres de aquellos alumnos trabajando para la fuerza.
Los barrios de los alrededores no tienen el glamour de la capital. Aquí no hay Torre Eiffel ni Notre Dame.
Allí conviven migrantes, refugiados, nativos, primera generación de franceses, décima generación de obreros, hijos de Chalecos Amarillos, de policías, de mafiosos, de enfermeras, de ausentes; jóvenes a los que ya se les ha declarado un futuro incierto.
Suena rap en francés. Rimas de desconsuelo en francés de Francia, de Marruecos, de Argelia, de Costa de Marfil; y podríamos seguir el mapa colonial.
Su mundo es bombardeado por Internet, influencers vacíos, guerras religiosas, famosos de 15 minutos, autos que valen más que todo el edificio donde viven, angustias existenciales, un evidente no futuro, un espacio violento, una deuda antes de nacer y todo lo que uno deja de lado cuando sueña la París de velada romántica a orillas del Sena.
Desde 1789 París lleva en tinta indeleble un signo revolucionario o al menos inquieto.
Pareciera que siempre está en tensión y protesta. Es su obligación.
Ahora el reguero de pólvora recorre toda la republica. De Paris a Nantes, de Lyon a Toulouse.
Los liceos, las prepas, las secundarias francesas están en pie de lucha.
Se suman agrupaciones universitarias, se suman sindicatos obreros.
Otra vez. Se empieza a ensuciar para beneplácito de los justificadores represivos.
Incendio en un aula. Agresión a las autoridades. Quema de contenedores de basura. Barricadas y gases en nombre de la Secretaría de Educación.
Los padres trabajando, las escuelas tomadas, la policía avanzando, los señores opinando en televisión.
¿Por qué están enojados?
Por todo. Pancarta dice: de 8 a 18, somos alumnos o estamos detenidos?
Terminó el verano y acusan a las autoridades de matarlos de calor en las aulas.
Los profesores merecen ganar más.
El sistema está colapsando.
Nadie nos escucha.
Se toman selfies, están en la portada. Recuerdan que están en la edad de querer cambiar las cosas. Recuerdan que el mundo que les está tocando es mucho más difícil de lo que parece.
Chicos de 15 a 18 años. Como los que mueren a la salida de las discotecas. Como los que van a la guerra. Como los que reparten comida en motos y bicicletas y quedan tendidos sobre el asfalto. Como los que nunca podrán tener una casa. Como a los que les es muchísimo más fácil conseguir drogas que una beca, un incentivo, una oportunidad o una razón.
Los grandes opinan de lo que no saben. Todo esto es porque el año próximo hay elecciones presidenciales.
La ultraderechista Marine Le Pen acusa a la izquierda de Mélechon de fomentar la situación.
Hablamos de que recortaron las becas, de que faltan profesores, de supresión de puestos, de reclamos edilicios, de aulas donde hacinados conviven todas las personalidades adolescentes sin ser escuchadas.
Protesta por el BAC, un sistema que instauró Napoleón y por el cual tu desempeño en el liceo determinará lo que puedas o no seguir estudiando, marcando el camino de tu existencia posterior a la inconsciencia presente.
Enfrentamientos con la policía. En un solo día dos mil detenidos, casi todos menores.
Mezcla de sensaciones. Memoria del pasado constante. Represión y angustias sin tiempo.
Siempre serán ellos lo que tendrán la obligación de, al menos querer, cambiar el mundo.
Todo viene del pasado y el futuro habrá que construirlo. Por eso enoja cada vez que se sospecha que ya está construido.
Hace unos meses murió Raoul Vaneigem. Un viejito de casi cien años nacido en Bélgica que en sus años mozos escribió el manifiesto radical de 1967, "La revolución de lo cotidiano".
Una de las tantas inspiraciones de aquel levantamiento estudiantil de mayo de 1968 en Francia. El llamado Mayo Francés. Con todo su intelectualismo, sus premisas, su reclamo, la "imaginación al poder".
Luchas que se tradujeron contra las dictaduras y tiranías. Años más años menos, que llegaron a agitaciones africanas, noches largas sudamericanas y masacres como las de Tlatelolco aquel 2 de octubre en el éxtasis sangriento.
El viejito fue joven. Condición obligatoria.
Y allí es donde se hizo las preguntas valiosas. "¿Quién quiere un mundo en el que la garantía de no morir de hambre implique el riesgo de morir de aburrimiento?"
Los chicos se están divirtiendo. Es aburrido vivir en la periferia de Paris o de cualquier otra gran ciudad. Es aburrido saber que el futuro está escrito, que fue prediseñado, y más aburrido que vayas tomando conciencia del inequívoco futuro que te va a tocar.
Los chicos bloquearon la entrada a la escuela. Tienen miedo de morir de aburrimiento.
Y aun peor: que nadie se entere.
Damas y caballeros: bienvenidos al kaos total!!!




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