Los anillos entrecruzados que conforman la bandera
Olímpica son cinco por el número de continentes y sus colores se
corresponden con cada uno de ellos. Aunque aquel día, la bandera ideada
en 1914, tuvo sus cinco anillos de un solo color: Negro.
Verde...
El color de la esperanza para muchos. Esperanza
era lo que invadía al pueblo alemán que ponía todas sus fuerzas en la
organización de los JJ.OO. Munich 1972 con la certeza de que una
excelente organización serviría para limpiar la imagen y la culpa de un
pueblo que aún sentía ( y siente) sobre sus espaldas el peso de haber
sido el hogar de ese Demonio que, hacía ya 28 años, había decidido tomar
forma humana y adoptar el nombre de Adolf Hitler para causar el mayor
exterminio humano que nadie pudiese imaginar jamás.
Amarillo...
El sol brillaba desde la inauguración de estos
juegos olímpicos allá por el 26 de agosto. Las pruebas eran realizadas sin
problemas y el hecho de que todas razas estén representadas y la mayoría
se lleve alguna medalla servía para desterrar definitivamente la
vergüenza pasada por este mismo pueblo en los JJ.OO. de Berlín 1936
cuando bajo el mando de Adolf Hitler, el Fhurer, y su loca idea de la
supremacía de la "raza aria" llevaron a vestir el estadio olímpico de
banderas rojas con cruces esvásticas estampadas en negro, dejando de
lado la de los países participantes y apenas permitiendo una licencia
para la bandera del C.O.I..
Azul...
En la manzana 31 de la Villa Olímpica se ubicaba
la delegación de Israel. Y sus atletas enfundados en equipos deportivos
azules apenas terminadas sus pruebas se recluían en su pabellón. Un poco
por seguridad y otro por que allí encontraban la paz necesaria para
celebrase bromas, planear alguna "maldad" y divertirse como estudiantes
en viaje de egresados. Poco importaba la nula cosecha de medallas, el
estar en un JJ.OO. ya era un triunfo y el hecho de que sea en Alemania
más aún.
Negro....
Era la oscura madrugada del 5 de septiembre y ese
grupo de jóvenes con mochilas que saltaron la alambrada de la Villa
Olímpica, no llamaron la atención de los guardias acostumbrados a las
escapadas nocturnas de los atletas. Sus mochilas tampoco levantaron
sospechas ya que muchos llevaban en ella ropa acorde al lugar de destino
elegido en sus escapadas.
Los ocho falsos atletas eran terroristas palestinos del grupo Septiembre
Negro en sus mochilas llevaban granadas y ametralladoras, ingresaron por
la puerta principal del pabellón decididos a aniquilar cualquier
"objetivo israelí" que se les cruce. El primero en caer fue Moshe
Weimberg, el entrenador de lucha, el segundo fue el pesista Joseph
Romano. Tres atletas y un periodista lograron escapar en la confusión.
Los demás atletas fueron reducidos y llevados como rehenes hasta el
sótano. La noticia tomo estado público de inmediato, los terroristas
exigían la liberación de más de 200 "compañeros" presos en distintos
lugares y un avión para huir a un país árabe. Con los ojos del mundo
encima las autoridades accedieron a todo lo pedido y comenzó el
traslado.
Rojo...
Se decidió que tanto rehenes como terroristas
fueran, en helicóptero, al aeropuerto militar de Festtenfeldbruck para
abordar allí el avión prometido. En el lugar lo esperaban decenas de
francotiradores dispuestos a actuar apenas vieran a alguien descender de
"ese" helicóptero. No bien pisaron tierra seis de los ocho palestinos
fueron destrozados a balazos, dos lograron escapar pero fueron detenidos
no sin antes conseguir arrojar una granada al helicóptero con los
rehenes matando a sus nueve ocupantes. Fueron escasos pero intensos
minutos en que todo se tiño de rojo, pero...¿Por qué?. La Primer
Ministro israelí Golda Meir le dijo al Presidente Alemán que impidiese
la salida del país de los terroristas con los rehenes, y le recordó que
según una decisión de su gobierno "todo judío que saliese de Israel era
considerado un soldado en tiempo de guerra, con los riesgos inherentes
al caso".
Así se lo traslado a sus Fuerzas Armadas. Una vez más, como
hacía apenas 28 años, los soldados alemanes cumplieron estrictamente una
orden impartida por un superior.
Cuando tras la muerte del Rey Salomón aquellas
tierras fueron bautizadas con el nombre de Reino de Israel sabían por
qué lo hacían. Israel, en hebreó, significa Luchador de Dios, y ya desde
ese entonces (931 a.C.) su destino fue luchar y la fuerza de su pueblo
sólo se entiende cuando advertimos que forman parte de las filas de
Dios.