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Mientras miraba a los astronautas tratando
de arreglar el nuevo fracaso de la NASA, no dejaba de pensar en
Space Oddity de
David Bowie. Y en un caso más que
particular de asociación libre, comencé a preguntarme como el
Duque Blanco había pasado de protagonizar películas interesantes
como El hombre que cayó a la Tierra (The Man Who Fell
to Earth, Nicolas Roeg, 1976), El ansia (The
Hunger, Tony Scott, 1983) – en la que también hacía una
breve aparición Peter Murphy –; o La última tentación de
Cristo (The Last Temptation of Christ, Martin
Scorsese, 1988), donde interpretaba nada menos que a Poncio
Pilatos; a participar en una película como Zoolander (Idem,
Ben Stiller, 2001) haciendo de sí mismo en un jurado en una
competencia de modelos. ¿Acaso el propio Bowie perdió la
provocación de antaño, o Hollywood los prefiere mansos? |
El cine
mainstream ha sabido nutrirse de las vidas de los músicos
más talentosos del siglo pasado, para transformarlos en
soporíferos biopics como en los casos de
The Doors
(Idem, Oliver Stone, 1991), Sid y Nancy (Sid
& Nancy, Alex Cox, 1986) y La Rosa (The Rose,
Mark Rydell, 1979) inspirada en la vida de Janis Joplin. En
el último Festival de Cannes, Gus Van Sant presentó Last
Days, basada en las últimas horas de Kurt Cobain.
Tal vez,
podríamos pensar que Cobain marcó un quiebre en la historia
del rock marcando el último hito del artista-mito-trágico.
Los músicos de hoy en día parecen más preocupados en
cuestiones de marketing, ventas, promociones, recaudaciones,
que en explorar las “puertas de la percepción”.
Pero volvamos al
cine. ¿Qué anduvo haciendo en la gran pantalla el rebel,
rebel
Iggy Pop? La “Iguana” además de sus
participaciones en Sid y Nancy y en El color del
dinero (The Color of Money, Martin Scorsese,
1986), participó en un par de producciones totalmente
bizarras. Tales fueron los casos de Cry Baby (1990)
del maestro John Waters junto a Johnny Depp; Atolladero
(Oscar Aibar, 1995); Tank Girl (Rachel Talalay,
1995); El cuervo (The Crow: City of Angels,
Tim Pope, 1996). También hizo dos películas con Jim Jarmusch:
Dead Man (1995) y Coffe and Cigarettes (2003);
y en The Brave, la única película dirigida por Johnny
Depp.
Si seguimos con
los músicos “de antes”, no podemos dejar de nombar a The Who
con dos películas emblemáticas: la alucinógena Tommy
(Ken Russell, 1975) y Quadrophenia (Franc Roddam,
1979); así como tampoco podemos obviar a la sobrevalorada
Pink Floyd: The Wall, dirigida por Alan Parker en 1982.
En esta lista
subjetiva (y por lo tanto incompleta), obtiene un lugar
destacado Tom Waits quien cuenta con una larga trayectoria
en la gran pantalla al haber trabajado con directores como
Coppola en Golpe al corazón (One From The Heart,
1982), The Outsiders (1983), Rumble Fish
(1983), The Cotton Club (1984) y Dracula
(1992); y junto a Jim Jarmusch en Down by Law (1986),
Mystery Train (1989) y Coffe and Cigarettes
(2003).
Pero me quedé
pensando en Rumble Fish (o La ley de la calle). ¡Qué
película! Pasé toda mi adolescencia admirando al “chico de
la motocicleta” interpretado por el genial Mickey Rourke, un
actor que supo mantener siempre su actitud, aquella actitud
que supieron tener los músicos de antaño antes de que se los
fagocitara la industria o el paso del tiempo. Pero si bien a
Rourke la vida le ha dado bastantes golpes, ahora le está
dando una segunda oportunidad. Por favor, no se lo pierdan
en Sin City.
por Nicolás Quinteros
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