por Nicolás Quinteros

 

Entrevista a Enrique Piñeyro
Entrevista a Enrique Piñeyro
Entrevista a Enrique Piñeyro

Muchas veces parecería ser que en la Argentina suceden cosas que no tienen explicación racional. Pero el accidente que se produjo la noche del 31 de agosto de 1999 cuando un Boeing 737 intentaba despegar en el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires, cruzó la Avenida Costanera y terminó su trágico recorrido en una cancha de golf, sí tiene (y tuvo) una explicación. Y no sólo eso, Enrique Piñeyro, director de Whisky Romeo Zulu había anticipado que un accidente “no sólo es previsible sino inevitable” debido a las terribles fallas de seguridad que se registraban en los vuelos de la compañía LAPA. En su momento, nadie lo escuchó.

La Linterna Mágica: ¿Por qué decidiste hacer una película de ficción y no un documental?

Enrique Piñeyro: Porque el documental es un pésimo vehículo para transmitir emociones. El impacto que esta historia tuvo sobre mí es básicamente emocional. Cuando vi esas imágenes en un televisor, habiendo avisado por escrito que eso iba a ocurrir, y que no sólo quienes tenían el poder de modificar el curso de los acontecimientos no lo hicieron, sino que además su única acción correctiva fue pedirme que me retracte por escrito. La bronca, la indignación y la impotencia que sentí es en definitiva lo que yo quiero compartir con el espectador, y me parece que ese es el nudo central del asunto. Yo tengo la vaga sensación que en realidad uno tiene UNA película para hacer en su vida, y para mí claramente era esta. Después, que se yo, tenés un montón de opiniones sobre un montón de temas, pero si hay una historia que yo pueda contar es esta. Yo sé porque se murieron esas 67 personas, y no hay sentencia ni instancia judicial que me convenza de lo cotrario, por más que esté o no de acuerdo con lo que yo estoy diciendo. Yo lo sé y porque lo sé lo voy a contar.

El documental tiene imágenes a partir de que los hechos suceden, y no tiene una sola del previo. En realidad, acá lo que importaba era el previo porque lo que pasó esa noche fue la última gota que rebalsó un vaso que se había empezado a llenar en el año 93 cuando aparecieron los jets en la compañía, y la corrupción ya generalizada que permitió este desmadre.

LM: Tu película da por tierra con la teoría oficial del error del piloto.

EP: Eso es una estupidez que sólo la Fuerza Aérea puede decir. Actualmente, en la investigación de accidentes, ni siquiera existe el término “error del piloto”. Es una huevada monumental, es un gigantesco eufemismo para encubrir las fallas del sistema que provocan los accidentes.

Si yo digo que un error del piloto provoca un accidente, lo que estoy diciendo es “señores, no volemos con seres humanos”, lo cual es imposible porque el ser humano tiene una parte en su conducta que es indivisible de él, que es el error, es inherente a la conducta humana. Entonces, yo no puedo pretender que los pilotos no se equivoquen. Yo lo que tengo que hacer es entender que el error es una constante, no es una variable, entonces tengo que generar mecanismos que lo detecten en fase temprana y minimicen sus consecuencias. Esto cuesta plata, entrenamiento, tiempo. En fin, selección del personal adecuado, gente que sea capaz de trabajar en grupo, que haga chequeos cruzados. Hay que entender que el error no se debe sancionar. Es una estupidez sancionar un error. Bastante tiene el tipo con que se equivocó para que vos encima vayas y lo sanciones. Vos podés sancionar actitudes: si yo te digo que vengas con corbata y venís sin corbata, ok, tenes una amonestación o lo que fuere.

Lo que existe en la investigación de accidentes es detectar cuáles fueron las fallas sistémicas que originaron este alineamiento de las ventanas de oportunidad para que la trayectoria del accidente las penetrara hasta el último eslabón, que son los operadores de primera línea: el piloto, el despachante, el mecánico. O sea, el accidente ya está generado, la última defensa que queda es el último que está ahí. Pero si una prensa mecánica le aplasta la mano a un obrero, decimos “no la sacó”. No, no es que no la sacó, es que todo el sistema está mal porque el tipo no tenía protección auditiva, porque no estaba protegida la prensa, porque un montón de cosas. Es un tema mucho más profundo que un error del piloto. Un error del piloto no provoca nada, no puede tirar abajo un avión.

LM: ¿Cómo puede evitarse que se repita una tragedia de tal magnitud?

EP: La solución es que haya un sistema de control que no sea corrupto. La Fuerza Aérea es corrupta, socia histórica de cuanto negocio turbio se haya hecho a cincuenta millas de un aeropuerto. El último, las valijas con cocaína... hasta borran los videos.

LM: ¿En otros países la aviación civil está a cargo de la Fuerza Aérea?

EP: No, solamente en Nigeria y Argentina está ciento por ciento militarizada. Hay otros países que alguna parte depende de la Fuerza Aérea, especialmente en países latinoamericanos. Pero el cien por cien de la aviación militarizada cono tenemos acá, no existe.

LM: Volviendo a la película, ¿cómo trabajaste con los actores?

EP: Hicimos mucho entrenamiento. Hicieron mocap, es decir, armamos una cabina con fotos en tamaño real uno a uno, y así aprendieron a hacer los barridos, los movimientos, para qué servían los instrumentos... después los llevamos al simulador.

Lo que quería es que tuvieran una familiaridad, y que parecieran pilotos, no que parecieran los pilotos de las películas de Hollywood que hacen unas cosas increíbles: vuelan con el saco puesto, siempre están en plano frontal – se ve atrás la fusiblera, vos decís “¿dónde está el cámara? ¿agarrado de la nariz del avión? -, el cockpit parece un living, tocan switches que parecen de submarinos, cuando agarran la radio dicen unas cosas que no se puede creer.

Quería que todo eso fuera real, que se viera la cotidianeidad de los pilotos, la pasión por el vuelo de los pilotos que muchas veces lo llevan a hacer cosas que no deben con tal de conservar ese lugar, incluso a perder la vida como en este caso.

Fui muy riguroso en eso, quería que los actores realmente parecieran pilotos. A la chica que cierra la puerta, le hice cerrar la puerta ciento cincuenta veces para que eso no fuera un obstáculo y pudiera simplemente actuar. Le dimos mucha bola a la familiarización con el medio, con la cosa, con el avión. Y después fue fácil realmente. No eran actores conflictivos, estaban dispuestos a colaborar, se trabajó bien.

LM: ¿Cuánto tiempo duró el rodaje?

EP: Veinte semanas, no continuas.

LM: ¿De dónde sacaste los aviones que se utilizaron?

EP: Eso mi abogado me dijo que no te lo conteste. Vos sos abogado, sabrás entender...

LM: ¿Cómo trabajaste la banda de sonido?

EP: Trabajamos mucho el sonido porque en realidad, aunque teníamos tomas hiper realistas tomadas debajo de los motores – muchas veces estuvimos muy cerca de los motores –, no tenían el dramatismo que tienen en la realidad. Hay escenas que tienen ochenta y pico de bandas de sonido.

Realmente lo trabajamos muchísimo, y es además la parte más divertida porque estás fuera del montaje, ese stress ya no lo tenés. Estás como decorando la casa, la casa está terminada y ahora hay que decorarla. El sonido tiene una repercusión infernal en el peso de la película, y además efectivamente es un trabajo divertido.

LM: ¿Que opinás de las críticas que sostienen que las escenas de la infancia desvían la atención de la historia principal?

EP: Eso es por ansiosos, porque muchos me confesaron que viéndola la segunda vez se la bancaron perfecto. Es verdad que el final conocido hace que estés ansioso por llegar hasta ahí, cualquier cosa que se te cruce adelante te molesta. Pero hice la prueba, y a algún que otro crítico que me dijo eso le di un montaje sin la infancia y me terminaron diciendo “volvé a ponerla, por favor”, porque en realidad le da volumen al personaje, le da textura a la historia y además introduce un tema que a mí personalmente me importa mucho y me pega mucho: qué difícil es este país para tener sueños de infancia, qué ingrato que es. Me parece que hacen esa crítica pero no se imaginan la película sin eso, la sacas y queda totalmente chata.

LM: También acompaña tu idea de resaltar las emociones.

EP: El personaje quedaría bastanta parecido a Marlowe. Un tipo que llega al departamento, pone el contestador, le da la leche al gato... lo único que le falta es el neón en la cara.

LM: Cuando la película sobre los títulos del final, pasa a un registro documental, esos cinco minutos resignifican toda la historia de ficción...

EP: Si yo tuviera que definirte el proyecto, es darte una hora cuarenta de película para que vos resignifiques esos cinco minutos documentales que ya habías visto en el 99 pero a la luz de lo que te estamos mostrando en esta hora cuarenta para lograr un significado totalmente distinto. Y me parece que eso funciona, y eso pasa, yo creo que la gente sale muy impactada de rever esas imágenes bajo otra luz.

LM: Muestra un estado de cosas que reflejan lo que va a suceder tiempo después en el país.

EP: Ese avión es una metáfora perfecta del país, se cae como se cayó el país dos años después, sólo que el avión aguanta menos riesgo y por eso se cae. Pero me parece que es la metáfora exacta. Y después, si querés tener una repetición, viene Cromañón.

LM: ¿Por qué en su momento no generó tanta repercusión desde el poder?

EP: Porque no había ninguna intendencia en juego, no había nada para picotear de rapiña, todos los rapiñadores estaban en el mismo partido. En definitiva, a mí me causa gracia que la gente que ahora veo con el cuchillo entre los dientes por Cromañón, no dijo una palabra de LAPA, no abrieron la boca, nada. Y ahora están indignadísimos con Cromañón. ¿Dónde estaban hace cinco años? Nadie se acordó de LAPA.

LM: ¿La situación actual sigue siendo tan grave?

EP: Sí, el problema acá es el espacio aéreo que está gestionado por la Fuerza Aérea que es incompetente, que es corrupta, que no es profesional. Un tipo está en una base en Río Gallegos comprando calcetines para los soldados y al año siguiente lo mandan de Jefe de Aeropuerto, tiene que hacer un curso de tres meses, pero si están apurados ellos mismos tienen una dispensa. Yo cuando participé en el allanamiento en Mendoza que dispuso un Juez Federal, el tipo que era Jefe de Aeropuerto no tenía el curso hecho, era un Mayor que había volado caza y después fue Jefe de Aeropuerto. Es lo mismo que sea yo Jefe de Aeropuerto. Es ridículo. Es lo mismo que un Comandante de jumbo te diga “yo soy comandante de jumbo este año porque el año anterior era ingeniero textil en la fábrica de papá”. Llegás a comandante de jumbo al final de tu carrera, no así. Y encima toda la corrupción imperante hace que sea un delirio total.

LM: ¿Ahora la situación es más grave porque aumentaron los costos de mantenimiento?

EP: Es grave por la Fuerza Aérea. A Lufthansa le pasó un misil a diecisiete millas del avión el cinco de abril pasado, eso es lo que tenemos. La información decía “ejercicios de tiro no afectan zonas de control”.

LM: ¿Cómo encaraste el tema legal?

EP: Al primero que le llevé el guión es a mi abogado penalista. Me dijo “acá hay sesenta y tres juicios potenciales”, y le dije “bueno, ponte a trabajar muchacho”. Yo estoy dispuesto a discutirlo en un tribunal. ¿Quién tiene más derecho: las corporaciones a preservar su imagen o los ciudadanos a saber lo que esas corporaciones están haciendo con sus derechos? La respuesta es obvia. En todo caso, si se sienten fastidiados por un uso indebido de imagen, iremos a un tribunal y lo discutiremos ahí. Yo estoy absolutamente dispuesto.

LM: Ahora viene el juicio oral por este accidente...

EP: Va a juicio oral y público hacia fines de año.

LM: ¿Y cuáles son tus expectativas?

EP: Primero que se recaratule, porque estrago culposo me parece una figura demasiado benigna. Yo creo que el 190 es el artículo que mejor le cabe, que es quien a sabiendas pusiere en peligro la seguridad de una aeronave es pasible de penas de 8 a 25 años; 8 si no hay lesionados y 25 si hay muertos. A mí me parece que esa es la figura que mejor representa lo que pasó porque a mí no me pueden decir que no se prefiguraban que operando una línea aérea de esa manera iban a lastimar gente. Y si no se lo prefiguraban, yo se los puse por escrito.

¿Por qué a Sebastián Cabello lo procesan por homicidio simple? ¿Y esto, que es cuarenta veces más grave? Porque en definitiva estaba yendo a 130 en la Lugones – todavía quiero encontrar a alguno que no haya ido a 130 en la Lugones –. Es como que de golpe se busca un chivo expiatorio, el punto más débil del sistema. No digo que no haya que responsabilizarlo y que no haya que condenarlo, pero de ahí al homicidio simple...

Bueno, si eso fue homicidio simple, esto califica 10 veces más. Lo que pasa es que en la aviación todo es más oscuro, más difícil de explicar. Entonces, se escudan en eso, el tema del error del piloto funciona bien, tiene buen marketing, entonces dale que va.

LM: ¿Cómo es la respuesta del público?

EP: La recepción del público es muy intensa. La verdad es que en los debates si no nos echan, nos tenemos que quedar a vivir ahí. (N.R: el director concurre a las funciones de la noche del Cinemark Palermo y al Village Recoleta) La cantidad de público fue muy buena, las críticas fueron mejores que las que jamás me imaginé. En realidad, está todo más que bien en ese aspecto.

LM: Te tomaste un tiempo desde la presentación del filme en el BAFICI.

EP: Teníamos muchos problemas de post-producción. La copia que presenté en el BAFICI es una copia impresentable. Realmente fue más un work in progress que una copia. Después se empezó a demorar la distribución medio crípticamente, sin entender muy bien cómo ni por qué.

LM: ¿Por cuestiones del mercado o por algún otro tipo de impedimento?

EP: No sé, así explícitamente no recibí nada.

LM: A pesar de que tenías el guión listo al año de la tragedia decidiste dejar pasar el tiempo.

EP: El guión lo registré el 31 de agosto de 2000. En un principio me hubiera gustado que el juicio se haga antes, esa era la idea lógica. Lo que pasa es que los tiempos de la justicia se están dilatando tanto que finalmente la película se iba a poner vieja.

LM: Contame sobre el pre-estreno con los familiares de las víctimas.

EP: El estreno fue un evento de ellos, organizado por ellos al cual nosotros fuimos a apoyarlos con Mercedes Morán y Adolfo Yannelli. Me parece que es el estreno que hubiera querido realmente para la película. Si bien fue muy intenso y conmovedor, la verdad es que fue muy justo. El estreno es un evento fashion, medio social, la verdad es que no tenía nada ver el tema de la película con eso.

LM: En tu nueva faceta como director, ya estás trabajando en una nueva película.

EP: Sí, es la historia de una fotógrafa que se llamaba Gabriela Liffschitz  que tenía un cáncer de mama. Se hizo una mastectomía y  no se hizo la reconstructiva. Se sacó fotos desnuda en unas poses bastante eróticas – era una mujer muy linda –, e hizo un libro que se llamó “Efectos colaterales”.

Yo estaba escribiendo con ella – ella pensaba que iba a tener aproximadamente un año de sobrevida –. En realidad, la cosa se complicó con una metástasis hepática. En la segunda sesión de escritura me dijo que le quedaban pocos días y que había escrito cuatro escenas que eran la noche previa a la mastectomía, el regreso a la casa, la primera relación sexual post-mastectomía y la sesión de fotos.

Le pregunté si quería que lo filmáramos, me dijo que sí, y armamos en 48 horas una producción, a dos cámaras – una sobre los actores y otra sobre el set –, como una forma de dirigir una película que no había tiempo de contar. Filmamos sábado, domingo, el martes hicimos la cena del fin de rodaje (que la filmamos también), el miércoles a la mañana entró en coma y 48 horas después, se moría.

La película de común acuerdo con ella se llama “Bye bye life”. Hicimos el proceso tan inverso, que ahora hay que sentarse a escribir y pensar, a mirar...

LM: ¿Y tus próximos proyectos en el plano de la actuación?

EP: Con la actuación tengo dos o tres cosas dando vueltas. Hay una película italiana que están filmando ahora en la que voy a hacer un papel chico. Terminé “Nordeste” hace poco, de Juan Solanas, pero me parece que va a cortar todo eso que hicimos. Y tengo dos películas con Alejandro Chomsky. Por ahora, nada más.

LM: Si bien no  formas parte de la misma generación, ¿te sentís parte de la renovación del cine argentino?

EP: No, la verdad es que soy bastante analfabeto cinematográficamente hablando. Me siento un espectador calificado, un espectador con conocimientos de cine pero no mucho más. No me siento parte de nada porque me parece que esta nueva camada son cineastas de verdad, son tipos que se han formado en cine, mamado cine desde quién sabe cuándo y han hecho muy buenas películas incluso desde lo formal, búsqueda que no emprendí para nada. Yo en lo formal traté de ser absolutamente clásico, toque corto y pelota al pie. No iba a emprender una búsqueda para la cual no tenía ni siquiera el background necesario.

LM: Sin embargo, tu película con un relato bien clásico muestra el mismo estado de cosas que refleja el nuevo cine argentino, pero desde otro lugar.

EP: Seguro, estoy totalmente de acuerdo con eso. Estamos hablando de lo mismo, sin dudas. Mundo grúa, La ciénaga, El Bonaerense, son todas películas que hablan de lo que nos rodea. Un oso rojo, también...

Hay un estado de cosas, y hay un montón de cineastas que están hablando de eso, de lo que nos rodea, de lo que nos pasa por el costado, de lo que nos pasa al medio. También hay una cosa muy en primera persona, porque en el fondo el punto de vista en el cine es una cosa importante, no es menor quién cuenta la historia y desde dónde. Y en este caso puntual creo que mucho menos. Siempre te versean con eso de que la aviación es lo más seguro que hay. Sí, es verdad. De los medios de transporte es el más seguro pero estamos muy por debajo de la seguridad que deberíamos tener. Y que venga un piloto a decirte finalmente “mirá que esos miedos que tenés no están del todo descalibrados, no es que sos un fóbico, sino que hay problemas, hay problemas serios”.

LM: Yo soy fóbico y a partir de que vi tu película estoy peor...

EP: (Risas) Sí, pero en definitiva es mucho menos riesgoso escuchar a un piloto hablando de los problemas de la seguridad, que leer en las primeras páginas del diario sobre un accidente. Y el camino para evitar llegar a esa primera página del diario es “muchachos, hablémoslo ahora”, y no esperemos de vuelta otro Austral, otro LAPA, otro Cromañón, otro aliscafo en el medio del río...

LM: ¿La película generó alguna reacción oficial?

EP: No lo sé, sí estoy empezando a recibir llamados de mucha gente.

LM: Por lo pronto, abrió el debate...

EP: Lo importante sería eso, que por lo menos se establezca el debate, sin dudas.

 

 

 

 

 

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