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Sin embargo, en su último trabajo, Steven
Spielberg se atreve a cuestionar las tácticas empleadas por
el Estado de Israel (y por los Estados Unidos) en su lucha
contra el terrorismo (el real y el supuesto). Imagino los
rostros desencajados de muchos ante
Munich
(incluso algunos periodistas ya criticaban el filme antes de
finalizado el rodaje, como fue el caso de Edward Rothstein
del New York Times). Sin lugar a dudas, el
enfrentamiento entre israelíes y palestinos es un tema mucho
más complejo que el que plantea la película, pero resulta
particularmente interesante que haya intentado abrir el
debate (resaltamos lo de “intentado abrir” porque su estreno
pasó más que desapercibido) uno de los directores – y
productores - más taquilleros del cine mainstream, judío y
realizador de La Lista de Schindler (y de numerosos
otros trabajos tendientes a mantener viva la memoria de los
horrores perpetrados por los nazis en la Segunda Guerra
Mundial).
Spielberg había incursionado con
anterioridad en temas “serios”: a saber, en El Color
Púrpura, en la ya citada La Lista de Schindler y
en Amistad. Pero todos estos casos, presentaban la
historia en forma lineal, sin complejidades ni
contradicciones, estableciendo claramente los límites que
separan el bien del mal. En Munich, Spielberg más que
presentar el tema en forma concisa y cerrada, plantea
interrogantes respecto a lo sucedido. No condena, pero
cuestiona. ¿Es la venganza la mejor forma de buscar
justicia? ¿Aquellos a quienes se condena son los verdaderos
responsables de la masacre?
Podemos coincidir en que Munich no
es la mejor película de Spielberg (preferimos Tiburón,
la saga Indiana Jones, o La Guerra de los Mundos
que también contaba con una fuerte connotación política),
pero debemos resaltar el coraje del realizador en abordar un
tema tan complejo como es la espinosa relación entre
israelíes y palestinos (y en forma transitiva, la de Estados
Unidos con los países árabes).
Anthony
Lane del New Yorker considera a Spielberg no “como un
artista político”, sino como a “un showman humanitario”. El
título de showman humanitario podría aplicarse al Spielberg
de La Lista de Schindler o el de los documentales
sobre el Holocausto (o a Bono, o a Angelina Jolie).
Munich nos presenta a un artista maduro, que a través de
una obra compleja, alejada de su cine más convencional, se
atreve a cuestionar la política exterior de judíos y
estadounidenses de una forma contundente y realmente poco (o
nunca) vista en el cine norteamericano contemporáneo.
En este sentido, también es justo resaltar
que en ciertos pasajes el filme pierde cierta contundencia
al presentarnos a un asesino con “sentimientos”, o al
mostrar cierta moralina como cuando el personaje
interpretado por Eric Bana decide no caer en la “tentación”
que le ofrece la mujer en el bar, y ese hecho le salva la
vida. Así como también, ciertas licencias que se toma el
realizador respecto a la historia real. Pero se trata de
Steven Spielberg, uno de los directores más respetados por
la industria del cine, por lo que su obra tiene una
repercusión (al contar con una mayor distribución en todo el
mundo) mucho más amplia. Y los ataques recibidos tanto de la
derecha como de la izquierda, parecen confirmar que estamos
ante un film fundamental para abrir un debate al que todos
le escapan.
por Nicolás Quinteros
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