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Frases
como estas suelen abundar en las biografías que parecen querer hacernos creer
que los artistas no se hacen sino que nacen. Sin embargo hay un poco de ambas
cosas.
David Robert Jones nació el 8 de enero
de 1947 en Brixton, Londres. Los primeros años de su vida vivió en una zona
pobre habitada por familias que tenían algo en común: sus casas habían sido
destruidas por el bombardeo a Londres.
Influenciado por su hermano Terry,
David Bowie se acercó al
jazz y a los escritores beat como
Kerouac y Allen Grinsberg.
Las transformaciones serían un rasgo
característico en su camino. Como siguiendo al pie de la letra la frase de
Tom Waits: “No puedes dejar de estar en movimiento, ningún perro ha meado
sobre un coche en marcha”, el medio en el que David se sintió cómodo fue el
artístico y el estético, y el soporte intelectual: su mejor argumento. Pintar,
escribir, cantar, diseñar ropa, actuar; cualquier camino hacia la expresión se
presentó ante su mirada como útil para decir cosas.
Para 1966 adoptó el nombre que lo haría
reconocido en todo el planeta:
David Bowie. Algunos sostienen que el nombre fue tomado de la marca de un
famoso cuchillo de caza americano, otros: que es el apellido de alguna de las
ramas familiares de su madre. Su carrera a partir de entonces estuvo signada por
los cambios y la experimentación. Aquellas épocas en las que tocaba donde podía,
como una especie de marciano desesperado por hacer llegar su mensaje a alguien,
fueron quedando atrás gracias a una suma de talento y esfuerzo.
Sin duda los ‘70 fueron su tiempo. Siempre en
el equilibrio, como un ejemplo de la modernidad y de una década específica que
cuestionaba límites (hija del Mayo Francés y del fracaso de los dorados ‘60),
Bowie oscilaba entre la vanguardia y lo espectacular de la cultura
mediática.
Como ejemplo alcanza ver la variedad de
personajes que lo acompañaron en los diversos pasajes por los que transitó su
carrera artística. Desde
Mick Jaegger hasta
Iggy Pop, desde
Warhol a Lou Reed,
los músicos y artistas más representativos de la época, ya desde un lugar
de estrellas consumadas o como simbólicos exponentes vanguardistas, aparecían
junto a su nombre dadas diferentes circunstancias.
Su carrera, que bien podía ser desarrollada a
lo largo de muchas páginas, dejó discos antológicos, videos históricos y
películas como El Hombre que Vendió a la Tierra, Laberinto, El Ansia, y otras
tantas donde lejos de aparecer como un músico exitoso
dedicado
a la actuación por cuestiones de marketing, demuestra que no es más de lo uno
que de lo otro sino que pertenece a una especie en extinción de artistas
integrales.
Inquieto, siempre buscando sus propios
límites, siempre cambiando, siempre sorprendiendo. Los escenarios lo vieron con
una simple guitarra acústica, con una super orquesta, con una banda
conservadora, vestido de caballero inglés, de dama provocativa y hasta de una
especie de bizarro marciano de cabaret. Aquel chico nacido en Brixton dio el
mejor ejemplo de una vida en constante transformación cuando allá por el ´72 se
convirtió en Ziggy. La puesta en escena, en la que colaboró nada menos que
Lindsay Kemp, mostraba un escenario construído a distintos niveles y con
andamiajes que facilitaban los cambios de vestuario. Aparecían sobre las tablas
no sólo los Spiders Fron Mars y los músicos sino también el grupo de danza de
Kemp. Hielo seco, luces y el espectáculo de rock más extravagante que se haya
presentado en Gran Bretaña fue sin duda uno de los puntos más altos en la
camaleónica carrera de Bowie, pero la controversia estaría presente como
en cada uno de sus proyectos; mientras algunos (como Lou Reed)
catalogaron al espectáculo como el más maravilloso que habían visto, otros no
dudaron en esbozar críticas encarnizadas sobre la estrella de rock y el
sobrepeso de ese Kemp que bajaba con disfraz de ángel mientras Bowie entonaba
“Star Man” para cerrar con una versión sollozante de “Over The Rainbowl”.
Así, el Duque Blanco, llegó a todos los límites
estéticos, bordeó todas las fronteras musicales, y esa curiosidad inquieta y esa
búsqueda permanente de códigos novedosos es lo que aún lo mantiene tan vigente.
Bowie no se privó de nada: teatro, cine, música
y cuanto medio expresivo pudiera enumerarse fue recorrido con su estilo de
manera eficiente.
Hacer un punteo de su discografía y filmografía no haría más que corroborar la
productividad de este artista.
Ziggy Stardust, Suffragette City, Changes,
Fame, Ashes To Ashes, Fashion, Heroes, Modern Love, Blue Jean y una larga
lista de temas que se acrecienta con cada disco nuevo han quedado
como
marca registrada de un artista que, de tan influenciado, se ha vuelto uno de los
más influyentes y que, de tan abierto a los cambios, volvió imposible, a los
gustosos de los generalismos, encontrar en pocas palabras un término acabado de
lo que su obra representó en las últimas tres décadas.
La última travesura de Bowie lo
encontró protagonizando junto al novelista William Boyd un episodio creativo por
demás significativo en muchos aspectos. Reuniendo a la crema del mundillo
artístico y a los críticos neoyorquinos más renombrados presentaron la biografía
de «Nat Tate», un pintor exquisito y depresivo que, luego de quemar toda su
obra, saltó desde el ferry para darse muerte a corta edad de 31 años. Muchos
comentaron la maravilla de su obra y otros, inclusive, hacían alarde de haberla
visto. La gala terminó con Bowie legitimando la cuestión leyendo fragmentos de
la biografía escrita por Boyd.
Días después se conoció la verdad, pequeño
detalle: el pintor Nat Tate jamás existió.
Debe haber sido imperdible el momento en que
Bowie y Boyd rieron de la broma, que no hizo más que dejar en ridículo cierto
aspecto real del mundo del arte, pero más fascinante aún debe haber sido estar
en el momento en que los críticos parlanchines se enteraron de la verdad.
Más allá de anécdotas como esta,
David Bowie es todo un símbolo de la época más turbulenta y destellante
de la historia de la música moderna.
Las andanzas de este duque parecen no tener
fronteras en lo que a la esfera cultural se refiere. Musicalmente está, como
siempre, preparando material para una nueva placa; como se aburre con una sola
tarea se hizo tiempo para fundar una editorial y una galeria de arte a la cual
podemos acceder, mediante internet (www.bowieart.com/), tanto para curiosear sus
obras como para comprarlas.
Mucho es lo que se podría agregar de este
artista, ya desde la crítica o desde una posición de devoto admirador de su
obra. Lo indiscutible de la cuestión es que
David Bowie
parece resistir el paso del tiempo con solvencia, apoyado sobre una fórmula que
le impide estarse quieto. Escribió páginas importantes de la historia musical de
las últimas décadas, se mostró alternativo, pragmático, comercial, vanguardista
, equilibrado y extremista a la vez. Hoy, mitad figura de culto por su pasado,
mitad admirado por su presente, David se muestra tan vigente como siempre.
Siempre un paso adelante, atrás o a los costados, pero nunca «parte del rebaño».
Bowie parece tener las llaves de la máquina del tiempo.
CD - Recomendaciones subjetivas:
DAVID
BOWIE - LOW - 1977 - BMI -
Una de las figuras más controvertidas e importantes de la música de las últimas
décadas. Convertido en una especie de disco mítico, Low, muestra al Duque Blanco
en una de sus camaleónicas etapas, en muchos casos, anticipatorias de los rumbos
sónicos estéticos que luego cultivaría el resto. Low aparece como un compendio
equlibrado y sorprendente entre un ambient experimental, donde participa
Brian Eno, y temas que ya son clásicos del glamuroso rock pop de Bowie.
Always Crashing in the Same Car, Sound and Vision, Weeping Wall, son sólo
algunos buenos ejemplos.
DAVID
BOWIE - HEATHEN - 2002
De la mano de Tony Visconti, (productor del mejor Bowie) “Heathen” se
presenta como el disco que hace resurgir al músico y ubicarlo nuevamente
en ése lugar de privilegio que ocupa en el mundo de la música.
Se trata de un disco de canciones
puras, en el que Bowie parece querer resaltar su condición de interprete
vocal por sobre todas sus otras virtudes. Cada tema hace recordar a una
época o a un disco suyo.
En "Slow burn" (primer corte del disco)
participa el guitarrista
Pete Townshend, ex The Who, con un riff que evoca a Robert
Fripp en "Héroes". Excelentes coros y vientos. Podría tratarse
tranquilamente de una canción de “Scary Monsters”.
Se destacan también algunos covers
como: “Cactus” de Pixies, “I've Been Waiting For You” de Neil
Young, aunque ya interpretada por él en algunos conciertos durante
Tin Machine 91 tour, y “I Took A Trip On A Gemini Spacecraft” de Norman
Carl Odam.
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