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FRANCIA 1461 ADIVINA ADIVINADOR |
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Pero la relación entre padre e hijo no era la mejor y Luis decidió tomar distancia hasta tanto no fuera él quien tuviera en la cabeza la corona de Francia. Recibió la noticia de que su padre había muerto y entonces decidió marchar a París, donde se realizaría la ceremonia de coronación. Atrás había quedado la historia de su esposa, descendiente del trono de Escocia, que murió lejos de su marido quien a pesar de amarla la trataba de manera cruel por imaginar que ella le era infiel. Dicen los estudiosos que la característica más notable de Luis XI fue que no permitió jamás que sus mujeres o amantes se mezclaran en cuestiones de estado. Inclusive llegó a destinar a su segunda mujer a un palacio distante del suyo. Había encabezado varios levantamientos contra su padre y una vez en el poder sojuzgo violentamente a la nobleza. Llegó a enfrentarse con Carlos El Temerario duque de Borgoña y, al morir este, su hija María fue despojada del ducado, pero esta se casó con el archiduque Maximiliano de Austria transmitiéndole todos sus derechos. La lucha fue larga y culminó con la entrega de Borgoña a Francia y Flandes y los Países Bajos para Maximiliano. Fue con Luis XI que Francia alcanzó la unidad territorial y el máximo de su extensión. Pero sabido es por los lectores de esta sección, que si bien la misma pretende rigor
histórico, hace hincapié sobre hechos que no son los que figuran en las breves biografías de los libros de historia. Un cronista de la época cuenta que en palacio había un astrólogo, una especie de mago, adivino y alquimista, que gozaba de la confianza de la corte. Llegado el momento, el adivino vaticinó a Luis que a su esposa (segunda esposa), le quedaban pocos días de vida. El pronóstico se cumplió y Luis se vio inundado por la ira. Mandó a buscar al hombre y lo hizo llevar por dos guardias reales hasta lo alto de una de las torres del palacio. Casi al borde de la furia ciega, le exigió que entonces adivinara cuando se iba a morir él mismo. El Adivino se encontraba casi al borde del abismo y sostenido sólo por el brazo de uno de los guardias. Irónico y jactándose de su poder, Luis pidió que adivinara el día de su propia muerte, suponiendo que daría por obvio que esta sería en breves instantes. Sin embargo el astuto personaje sacó una respuesta que no podría haberle dado mejores resultados: "Moriré tres días antes que su Majestad". Luis, que ya había constatado el rigor de sus predicciones, ordenó que lo quiten del borde que lo separaba de la muerte. Quizás por temor a que su vaticinio se haga realidad, quizás por encontrar su respuesta harto ingeniosa, lo cierto es que desde entonces, el Adivino fue cuidado, nunca mejor utilizado el término, a cuerpo de rey. Una frase le alcanzó para pasar del dictamen de muerte a la más garantizada supervivencia.
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