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ECHO
& THE BUNNYMEN
música - rock - British Pop
"Liverpool es uno de los puertos más
importantes de Gran Bretaña" aprende un niño en clase de geografía; "La
ciudad de Los Beatles" reconoce un adepto al historicismo musical; "Uno de los
centros más importantes en época de la revolución industrial" puede agregar un
intelectual ávido de alardear con su conocimiento; y así puede seguir la lista a la que,
sin duda, puede agregarse toda clase de descalificativos (de esos que operan como
descalificativos cuando se habla de una ciudad).
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Liverpool
es un puerto y, como tal, su geografía humana va desde chinos hasta irlandeses, desde
españoles hasta italianos y desde africanos hasta ingleses. En esa ciudad, con alto nivel
de delincuencia, con elevado índice de paro juvenil y con una de las tazas más elevadas
de alcoholismo de toda Gran Bretaña, nació un grupo de sonido tan singular como chistoso
suena su nombre: Echo & The Bunnymen.
Es difícil, teniendo a Los Beatles como vecinos ilustres, tratar de intentar
otra cosa en los bares de Liverpool. Sin embargo a orillas del río Marsey
también iba a haber lugar para demostrar que las décadas habían transcurrido.
Tratar de analizar la música de Bunnymen no es tarea fácil. Uno puede operar
sobre la superficie y no encontrar mucho más que un grupo pop al que el fantasma Beatle,
que deambula por el puerto, no le permitió llegar más lejos. Eso no estaría tan mal,
después de todo Echo & The Bunnymen no se ha propuesto (consiente ni
inconscientemente), ni por asomo, cambiar la historia de la música. También podría uno
decir, profundizando el análisis, que Bunnymen fue el más acabado y prolijo
ejemplo de la expresión musical de toda una década (mezcla precisa y sin extremos de las
corrientes de la época). Tampoco esta visión estaría del todo errónea, sin embargo
habría que ver a Echo & The Bunnymen como un buen grupo musical de
aquel paisaje donde se mezclaba y se mezcla, la crisis, la charla filosófica en los pubs
a orillas del río y la desesperada pasividad de quienes se interesan por todo sin
demostrar mayor interés.
Para 1977 quienes andaban por
el centro de Liverpool, pudieron ver un cartel que anunciaba la presentación de
The Clash en el club
Eric's. A partir de entonces se sacudirían algunas cabezas. Una serie de grupos,
cuya mayoría no supero el garaje, empezaron a pensar en otra forma de hacer ruido. Los
hijos de la oleada punk, que asomaron las guitarras, tenían características especificas
en aquel "Liverpool post Beatle"; algo intermedio, una especie de
mutante de mirada punk en rostro beat, si se me permite la metáfora.
Para finales del '78 Ian McCulloch forma Echo & The Bunnymen
y, su antiguo compañero de intrascendentes experimentos musicales, Julian Cope
(actualmente solista que se convertiría en casi un héroe "alternativo" para
una selecta minoría) hizo lo propio con The Teardrop Explodes.
Ian McCulloch guía a los "hombres conejo" por senderos grises y
brillantes a la vez, por lugares de oscura psicodélia, por senderos de frescor pop y
luminosas melodías. La guitarra de Will Seargent sería inconfundible,
melodías
pegadizas y rítmicas que se combinaban con pantanos experimentales de profundidades
hipnóticas. El bajo de Les Pattison: una escalera por donde el cuarteto bajaba y
subía seguro. La batería de Pete de Freitas: digna de la más sincera
reverencia.
El motor estaba afinado y el timón tenía la fuerza para soportar los embates de quienes
se subían al barco con deseos de llegar hasta el límite de la deriva.
Y sonaron canciones: Pictures On My Wall, Rescue, Do it Clean; y Echo
& The Bunnymen grababa Crocodriles (1980). El LP es bien
recibido por crítica y público. Sobre el escenario se podría colocar una foto, sólo McCulloch encendiendo
un cigarrillo por tema y la velocidad de los palillos de de Freitas parecen
producir movimiento sobre las tablas, el resto: pura música.

En el año siguiente editan Heaven Up Here y en el verano de ese mismo
año emprenden una gira por EE.UU., Australia y Europa. Para 1983 estaría en la calle
otro de los animalitos de Echo y los Hombres Conejo, Porcupine:
un disco que además de asentarlos y definir por completo su personalidad musical, deja
los cortes de The Cutter y The Back of Love.
A partir de Ocean Rain (1984) la historia parece estabilizarse. Bunnymen
recicla sus mejores perlas y edita en 1985 un disco que lo contempla todo: Songs
For Learn & Sing. Estas canciones para aprender y cantar serán la
coronación de lo aportado por los "otros" cuatro de Liverpool.
En 1987 estaban listos para lanzar un disco más, con el nombre del grupo como título de
la placa: salía a la venta Echo & The Bunnymen, material que mostraba quizás su
estado más logrado en el delicioso Lips Like Sugar.
Como si la historia se ensañara con los cuartetos originales de aquel puerto, en 1989
muere, en un accidente de moto, el baterista Pete de Freitas. McCulloch
explora el terreno solista (Edita Candleland y su trabajo solista continuará en
1992 con la edición de Mysterio), Seargent se compenetra en otros
proyectos musicales; la llama de los Hombres Conejo se extinguía. Y después, lo de
después: reunión, nuevo disco, más recopilaciones, ediciones en vivo, productos
reciclados, etc. Para 1988 los Bunnymen sólo existían como recuerdo, en
los dos años siguientes sólo un signo de vida prolongaría la inminente disolución: la
grabación del LP. Reververation (1990). Pasaron siete años
después de idas, venidas y reuniones entre Ian y Seargent, Los
Bunnymen volvieron a entrar, como tales, a un estudio para grabar
Evergreen en 1997.
Quizás solo un disco recopilatorio y un par de videos alcanzan para concentrar todo lo
aportado por los Echo y, créanme, eso, es decir mucho para cualquier banda. No
muchos sacan conejos de la galera a orillas de un río; no muchos llegan tan lejos con ese
tipo de nombres: Echo & The Bunnymen.
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